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Una mirada de fe
Honra a tu padre y a tu madre
Oscar Rodríguez Blanco s,
d, b
e-mail: osrobla@hotmail.com
Educar
es un privilegio al que jamás deben renunciar los padres,
pues los hijos tienen el derecho de sentir y experimentar el amor
de quienes les han dado la vida
Tradicionalmente, junio está dedicado a la familia. En
numerosos lugares se realizan actos especiales para festejar al
padre y a la madre como primeros responsables del hogar. La familia
es la célula primera y vital de la sociedad. Es en ella donde
nacemos, recibimos el nombre y apellido que llevamos, en donde recibimos
el alimento y la educación.
Es en la familia donde desde la infancia se pueden aprender los
valores morales que orientan nuestra vida y nos preparan para el
futuro, es el lugar natural para aprender de labios de los padres
el Cuarto Mandamiento del Señor: Honra a tu padre y
a tu madre: así prolongarás tus días en la
tierra que el Señor, Tu Dios, te va a dar (Ex.20, 12),
mandamiento divino que se extiende a todos aquellos a los que Dios,
para nuestro bien, ha investido de autoridad.
La familia es el primer medio ambiente natural y necesario para
toda educación, es en ella donde todos los valores que se
descubren y cultivan se convierten en una educación permanente
y viva. Es la escuela formadora de las personas y el espacio adecuado
para que padres e hijos dialoguen, se acepten los unos a los otros,
se perdonen los errores y se ejerciten en la comprensión
y respeto mutuo.
El cambio histórico cultural que ha tenido la sociedad ha
causado gran impacto en la imagen tradicional de la familia, que
hoy día debe afrontar los grandes desafíos que trae
el inicio de un nuevo milenio. Desconocemos que la familia forma
parte de un plan divino, que invita al hombre y a la mujer a realizar
su proyecto de amor en fidelidad hasta la muerte.
En este plan original de Dios, los padres descubren no sólo
su identidad, sino también la misión que han recibido
de custodiar, revelar y comunicar el amor y la vida. Existen muchas
familias que en medio de las crisis se esfuerzan por cumplir con
el proyecto de Dios y están abiertas a la vida, a la educación
de sus hijos y a sus compromisos con la Iglesia y el mundo, pero
también constatamos que existen niños, jóvenes
y adultos que no tienen a nadie en su vida, no saben quiénes
han sido sus padres y nunca han podido decir papá
o mamá.
Admiramos, por otra parte, a muchas madres, abuelas, tíos
o tías que heroicamente han sido padres y madres de hijos
que no han engendrado, y que sin contar con la formación
o los medios necesarios los han preparado adecuadamente para la
vida y, por lo tanto, con la frente en alto, deben dejarse llamar
papá y mamá.
Educar es un privilegio al que jamás deben renunciar los
padres, pues los hijos tienen el derecho de sentir y experimentar
el amor de quienes les han dado la vida, tienen el derecho a que
se les eduque y se les forme para el futuro.
Educar es una tarea noble, bella y delicada, que exige amor, delicadeza
y equilibrio. Se es verdaderamente padre y madre cuando, además
de haber engendrado a sus hijos, se cumple con la tarea de educarlos
y prepararlos para la vida, y de acompañarlos desde el momento
que nacen hasta que lleguen a una edad en la que puedan usar en
forma responsable de su libertad.
Otro aspecto de trascendental importancia es que los hijos deben
ser educados en una equilibrada vida espiritual. Una fe madura y
responsable les ayudará a analizar el mundo en que vivimos
y a interpretar los signos de los tiempos a la luz del Evangelio.
La familia es la primera expresión de la Iglesia en la
que los padres han de ser para sus hijos los primeros educadores
de la fe, tanto por su palabra como por su ejemplo. Una vida ejemplar
en los padres fortalece e ilumina el mismo amor educador y contribuye
enormemente a la educación en la fe y a dar un clima de seguridad
y equilibrio en el hogar.
* Párroco de la iglesia de
María Auxiliadora (Don Rúa).
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