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No vacilo en afirmar que para los productores de café, la llamada globalización ha fracasado. Esta fue la contundente frase con la que resumió su discurso uno de los ponentes en el último período de sesiones de la Organización Internacional del Café (OIC). Quien la dijo fue el ministro de Hacienda de Colombia, Juan Manuel
Santos. Según su análisis, la crisis tiene su origen en la ruptura del acuerdo internacional que regulaba el mercado del producto mediante el establecimiento de cuotas. El acuerdo, anulado en 1989, dio paso a un mercado libre regido por el egoísmo, la insensibilidad y la voracidad de un grupo cada vez más pequeño de intermediarios y tostadores. Las críticas del funcionario colombiano fueron reforzadas por otros asistentes al 86o. período de sesiones de la OIC, celebrado del 21 al 24 del presente mes en Londres, Inglaterra. Ganancia para pocos Decir que el café está en crisis es sólo parcialmente cierto. El hecho es que quienes han visto desplomarse sus ingresos son los productores, en su mayoría habitantes de países pobres. Los industriales, quienes procesan el café y lo comercializan en los países desarrollados, están recibiendo ganancias incluso más jugosas que antes. En 1997, los consumidores finales gastaron $30 billones en café, de los cuales los países productores recibieron el 40% ($12 billones). Actualmente, los consumidores gastan $65 billones por año, más del doble, mientras que los productores sólo reciben el 9% ($5.5 billones). Dicho en otras palabras, mientras que las ventas se duplicaron, el ingreso de los productores se redujo a menos de la cuarta parte. Santos denunció ante la OIC que las principales empresas comercializadoras multinacionales se están quedando con las grandes ganancias del negocio, a costa tanto de los cultivadores de los países en desarrollo que producen café, como de los consumidores de los países desarrollados. El drama humano El presidente del Consejo Salvadoreño del Café (CSC), Ricardo Espitia, aseguró ayer que una de las conclusiones del foro fue que la crisis del café se ha convertido en un problema de desarrollo. En el mundo, son 25 millones de familias las que cultivan el grano y dependen casi exclusivamente del mismo. Sólo entre 2000 y 2001, Centroamérica y México perdieron cerca de 500 mil empleos a causa de la crisis cafetera. Además del dramático impacto social, el desplome de precios ha provocado inestabilidad macroeconómica en países altamente dependientes del cultivo, como Burundi, Etiopía, Uganda y Ruanda. Menos significativa, pero importante, ha sido la reducción en ingreso de divisas que han experimentado países como los de Centroamérica. Crear conciencia Espitia agregó que la OIC ha definido como su principal tarea en el corto plazo, la de llevar al más alto nivel político la preocupación sobre el impacto que está generando la crisis del café en el mundo. Los delegados coincidieron en que no existe suficiente conciencia en los países desarrollados de la dura realidad que viven los productores y sus obreros. Una iniciativa inmediata fue la de enviar una carta al presidente
de los Estados Unidos, George Bush, proponiéndole la reafiliación
de su país a la OIC. Dado que la superpotencia es uno de
los mayores consumidores, la Organización pretende conseguir
su apoyo en favor del café. FRASE Cuatro líneas de acción La OIC ha definido cuatro líneas de acción para resolver la crisis mundial del café. Todas se resumen en dos objetivos: reducir la oferta y aumentar la demanda En primer lugar, la Organización está promoviendo una mejora en la calidad. Si los países productores exportaran solamente el café que contiene menos de 86 defectos -como lo han acordado- se lograría un equilibrio entre oferta y demanda a nivel mundial. Actualmente se produce en el mundo 4.2 millones de sacos más que lo que se consume, lo que empuja los precios hacia abajo. Un segundo esfuerzo consiste en impulsar la diversificación de cultivos. La idea consiste en mover a los caficultores cuyas tierras no son las más aptas para el aromático, a que siembren otras especies rentables, como las frutas y los árboles maderables, por ejemplo. La OIC también ha decidido promover el aumento en el consumo de café. Para ello está apoyando investigaciones sobre sus efectos en la salud. Algunos trabajos a punto de terminar concluyen que el consumo de la bebida con moderación, favorece algunas funciones del organismo y mejora el desempeño en el trabajo. Finalmente, el organismo multinacional pretende crear conciencia sobre los beneficios ecológicos que acarrea el café. Por este motivo, ha definido la sustentabilidad como uno de sus ejes de acción. Todo esfuerzo debe ser amigable con el medio ambiente. |
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