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Panorama
político
Francia convulsionada
El
momento es grave, ha dicho Chirac; hay que preservar
la grandeza y el legado de Francia
Carmen Gallardo de Hernández*
El pasado 21 de abril tuvo lugar en Francia la primera vuelta de
las elecciones presidenciales. Dieciséis candidatos representaban
a un amplio espectro político. Poca atención le prestaron
los medios e institutos de sondeo de opinión a los candidatos
de las extremas. En forma inesperada, fue hacia las extremas que
se dirigió una parte importante del voto ciudadano.
Estas estaban representadas, por un lado, en la extrema derecha,
por Jean Marie Le Pen, con el Partido Frente Nacional, y Brugo Megret.
Y, por otro lado, en los tres partidos de tendencia trotkista -los
cuales se colocaron incluso por encima del Partido Comunista-.
Hay que acercarse al sentir popular para entender lo que sucedió.
Queda claro para los franceses, no obstante, que el malestar nacional
debe reencauzarse a través de los canales constitucionales
y no a través del enfrentamiento.
¿Cuál fue el factor determinante que creó un
nuevo escenario en la vida política de Francia? ¿La
dispersión de votos ante la diversidad de la oferta electoral?
¿El abstencionismo -un 28%-le restó apoyo tanto a
Chirac como a Jospin? ¿Hasta dónde la propuesta electoral
de la coalición de izquierda de Jospin no logró identificar
el pensamiento socialista con su proyecto de nación?. En
efecto, Jospin, quien afirmaba estar a la derecha en términos
de economía y a la izquierda con relación a lo social,
terminó confundiendo a su propio electorado. El votante se
sintió desconcertado al no identificar el proyecto de nación
de los distintos candidatos. La población deseaba saber qué
harían los candidatos con relación a sus preocupaciones:
inseguridad, la revalorización del empleo, mejores condiciones
de jubilación y las corrientes migratorias, así como
la participación de Francia en la Unión Europea y
el resto del mundo.
El candidato Jean-Marie Le Pen, por su parte, al recordar que sus
orígenes proceden de la Francia profunda, consiguió
identificarse con la identidad y la cultura francesa y convencer
con un mensaje populista, impregnado de xenofobia, que Francia debía
ser devuelta a los franceses.
Ante los resultados inesperados, surge una nueva realidad en el
panorama político francés. Francia se encuentra convulsionada,
los políticos desconcertados y los jóvenes indignados.
Los medios e institutos de opinión, por su parte, tratan
de analizar dónde fallaron en sus predicciones. Se hablaba
de un tercer candidato como contrapeso de la segunda vuelta. Nunca
se planteó, en términos reales, la posibilidad de
que la extrema derecha ocupara el segundo lugar en la primera vuelta
frente a Chirac.
Admitir su preferencia electoral por la extrema derecha no es quizá
políticamente correcto hoy en día en la mayoría
de los países democráticos y, menos aún, en
el país donde el espíritu republicano, inspirado de
Libertad, Igualdad y Fraternidad, se privilegia ante todo. No obstante,
la noche de la elección, Francia se sumaba a la lista de
países europeos donde la extrema derecha está cada
vez más presente -Austria, Italia, Bélgica-.
No a la extrema derecha. Le Pen debe ser descartado.
Este es el grito que inunda las calles en diversas ciudades francesas
en estos días. Apenas repuesta de su estupor, la mayoría
de los franceses parece alzarse en una ola de rechazo ante tal amenaza.
De hecho, para que el candidato Le Pen -quien se benefició
de un voto antisistema procedente en gran parte de sectores
populares-pierda en segunda, es preciso que la izquierda plural
-coalición que representaba el primer ministro Jospin e integrada
por los socialistas, comunistas, los Verdes y el Partido Radical
de Izquierda-se cohesione y vote por Chirac, en vista de la gravedad
de las circunstancias.
Cabe añadir que la fragmentación de los partidos de
izquierda, sumada a la postulación de tres candidatos de
tendencia trotkista no benefició, en modo alguno, al candidato
Jospin. Y aquí surge otro fenómeno: los franceses
votaron también en una proporción importante -un 5.8%-por
la extrema izquierda; es decir, por los tres partidos de tendencia
trotkista. Esto tuvo por resultado sacar del escenario electoral
al propio partido comunista.
La sorpresa ha sido grande en los demás países de
la Unión Europea. Ha surgido una imagen de Francia desconcertante
para sus socios políticos y comerciales. La prensa europea
se cuestiona: ¿Se trata de un momento coyuntural, o bien
de una falla en el sistema electoral o más grave aún,
de cierto desgaste de las instituciones políticas creadas
en el marco la V República?
Aquellos que trataron de castigar a Chirac o a Jospin dispersando
su voto o absteniéndose se ven obligados ahora, a rectificar
su decisión y votar por la moderación y el diálogo.
Le Pen constituye un riesgo demasiado alto para el futuro de Francia.
Cabe recordar algunas de sus declaraciones para imaginar cuál
podría ser su forma de gobernar.
Sostiene que ha llegado la hora de que los franceses -y no los extranjeros-se
beneficien de las prestaciones sociales, paguen menos impuestos,
recuperen su moneda nacional renunciando al Euro, se alejen de la
Unión Europea, se opongan a la globalización y al
libre comercio y vuelva el país de los derechos humanos a
imponer la pena de muerte. Entre sus célebres declaraciones
recordemos que se opone a la migración porque la ola de extranjeros
amenaza la civilización; su retórica racial
lo llevó a declarar que las cámaras de gas en los
tiempos de Hitler sólo fueron un detalle de la
historia. Quizás lo más significativo en este momento
es recordar lo que pocos días antes de la votación
vaticinaba: Estoy presente en la mente de mis conciudadanos,
aunque los medios no desean verme.
El momento es grave, ha dicho Chirac; hay que
preservar la grandeza y el legado de Francia.
La seguridad fue tema que dominó la campaña; la defensa
de los baluartes de la democracia y el papel de Francia en el mundo
constituyen algunas de las preocupaciones de los votantes para el
próximo 5 de mayo.
*Maestría de intérprete de conferencias y columnista
de El Diario de Hoy.
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