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Garante
de la libertad
La libertad de prensa
En
otras palabras, cuando en un país se presentan diferentes
acciones contra la libertad de expresión, es inobjetable
que algo está amenazando el orden democrático
Elías Antonio Saca*
Once años han pasado desde la Declaración de
Whindhoek en respaldo de una prensa libre, independiente y
pluralista. Ésta fue el resultado de un seminario de la UNESCO,
realizado en la capital de Namibia, África, donde también
se le recomendó a la Asamblea General de la ONU proclamar
el 3 de mayo como Día Mundial de la Libertad de Prensa.
Este día tan especial y que marca un período muy importante
en la lucha por la libertad de expresión quedó establecido
por la ONU, el 20 de diciembre de 1993.
Desde entonces, a las diferentes entidades que trabajamos en la
defensa de la libertad de expresión, el Día
Mundial de la Libertad de Prensa nos sirve para alentar y
desarrollar iniciativas tendientes a fortalecer tan preciado derecho
y evaluar la situación de la libertad de prensa en todo el
mundo, así como también para expresar nuestra solidaridad
y apoyo a los medios de comunicación, periodistas, comunicadores
y empresarios que son víctimas de represalias y agresiones
como consecuencia directa o indirecta de su labor informativa.
Pero también, la fecha en cuestión tiene como propósito
servir de recordatorio a los gobiernos para que cumplan sus compromisos
en relación a dicha materia, cuya deliberada omisión
o negligencia nos impele a hacer del Día Mundial de
la Libertad de Prensa no sólo un acto conmemorativo
de reivindicación, sino además una ocasión
para informar a la opinión pública sobre las violaciones
a la libertad de prensa a guisa de leyes anacrónicas, censuras,
multas, suspensiones, amenazas, exilios, encarcelamientos y asesinatos
de quienes han tenido la osadía de hacer valer el derecho
a la libre expresión en varios puntos del planeta.
Hace un año, por estos días y con motivo de esta celebración,
se consignó que aproximadamente un tercio de los países
del mundo, es decir, más de cien, no respetaban la libertad
de prensa. Pero la cifra ahora es mucho más alarmante, pues
a raíz de los sucesos del 11 de septiembre en los Estados
Unidos, la crisis de la libertad de prensa se tendió a globalizar
dado que muchos gobiernos, tras invocar su preocupación por
la seguridad nacional como pretexto, adoptaron más medidas
drásticas contra el ejercicio periodístico, siguiendo
la tónica del gobierno estadounidense, el cual, través
del Departamento de Estado, pretendió censurar un programa
de la VOA. En esta línea, se circunscribieron países
como Zimbabue y Afganistán; sólo en este último,
en el marco de la ofensiva contratalibán, perdieron la vida
ocho periodistas.
En Nepal y Eritrea, después de septiembre, aumentó
el número de periodistas encarcelados; en noviembre, fuerzas
estadounidenses bombardearon la corresponsalía de Al-Jazeera
en Kabul, y durante el mes de diciembre, Israel destruyó
las instalaciones de la emisora La Voz de Palestina, en Cisjordania.
Sin embargo, en aquella parte del planeta todavía persiste
un problema que no da signos de superarse. Por tercer año
consecutivo, China continúa siendo el país con mayor
número de periodistas encarcelados; durante el 2001 arrestó
a ocho y, al final del año, tenía 35 periodistas tras
las rejas. Se trata de una estadística que lo convierte en
el país más inhóspito para la libertad de expresión
en el mundo. Y Etiopía tiende a ser otro ejemplo pues, al
amparo de leyes y reglamentos caducos, se acusa ante los tribunales
a editores y periodistas, en muchos casos por supuesta difamación
de funcionarios públicos, lo cual impide el ejercicio de
un periodismo libre e independiente.
Asimismo, aumentó la cifra de deudores del derecho a la libertad
de prensa en varios países latinoamericanos. Además
de Cuba y Colombia, ahora se incluyen: Guatemala, Nicaragua, Haití,
Costa Rica, Venezuela y otros más, donde un variopinto de
hechos contra la libertad de expresión no sólo nos
señalan la ruta y el énfasis que debemos poner en
la lucha por su defensa, sino que también se vuelven claros
los síntomas de que las democracias de la región están
experimentando un ciclo de inestabilidad que puede agudizarse más
temprano que tarde.
Pareciera que en materia de libertad de expresión, mientras
más se avanza en la consecución de instrumentos legales
para su defensa, cada vez más los gobiernos se ven tentados
a violentarla e incumplir sus propios compromisos. Sin embargo,
lo que en realidad está ocurriendo es que en virtud del terreno
ganado por la libertad de expresión, ha aumentado la conciencia
democrática de los pueblos, y esa condición es la
que posibilita las demandas por el respeto de los derechos fundamentales
que, lamentablemente, no siempre se dan a través de formas
pacíficas.
En otras palabras, cuando en un país se presentan diferentes
acciones contra la libertad de expresión, es inobjetable
que algo está amenazando el orden democrático. Por
el contrario, cuando en un país, frente a los intereses personales
o de grupos, prevalece el respeto a los derechos fundamentales,
uno de ellos, la libertad de expresión, además de
reflejar esa vida democrática, es su mejor garantía.
En decir que todo gobierno o grupo que se precie de ser democrático
tiene como mejor termómetro una prensa independiente y libre,
y en el conjunto social el mejor testigo.
Es indudable que el balance ahora tiene en entredicho a muchos gobiernos
del mundo, pero también hoy más que nunca, las entidades
y personas que trabajamos en la defensa de la libertad de expresión
estamos más preparadas y dispuestas a responder a ese desafío.
Y es, precisamente, con ese espíritu, que enviamos un saludo
y expresamos nuestra solidaridad a los periodistas nacionales e
internacionales en el marco de esta fecha tan especial: Día
Mundial de la Libertad de Prensa, a la vez que insistimos
en recordar a los gobiernos que la democracia llega hasta donde
llega la libertad de expresión, la garantía, la condición
sine qua non de un Estado de Derecho.
*Presidente del Comité Permanente de Libertad de Expresión
de AIR.
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