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Evangelio
para domingo
San Juan 3, 16-18
Creen en el Hijo
¡Así
amó Dios al mundo! Le dio al Hijo único, para que
quien cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino
para que se salve el mundo gracias a Él.
Para quien cree en Él no hay juicio. En cambio, el que no
cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Hombre del
Hijo único de Dios.
Jesús: manifestación de Dios prolongado por el Espíritu
Tanto amó Dios al mundo...
Esta es la esencia de la misión de Jesús. Los breves
versículos del pasaje de hoy precisan aquello que da origen
a esa misión: el amor de Dios Padre. Al mismo tiempo, el
mayor don de Dios para el mundo es el envío de su propio
Hijo.
La tarea es salvar, o sea establecer la amistad de Dios con los
seres humanos, acoger la vida que trae Jesús...
Todo el que crea en Él...
Vivirá.... Creer en Jesús es aceptar su
testimonio y su mensaje. La puerta de entrada a esa vida es la fe,
por eso el ser humano tiene la posibilidad de aceptar o rechazar
libremente esa vida.
Sino que tenga vida eterna...
La oferta no puede ser otra, y únicamente Dios la puede otorgar.
El Dios manifestado en Jesucristo y siempre presente en sus discípulos
por medio de su Espíritu da esta garantía: ¡Si
crees, tendrás vida eterna!
Y nosotros...
Ante el don gratuito del amor de Dios, la única respuesta
auténtica es la fe. Esto no cambia para el creyente y seguidor
de Jesús de todos los tiempos; su actitud ante Dios debe
ser confiada, porque Dios envió a su Hijo al mundo,
para que el mundo se salve por Él.
Todo el que expresa libremente su fe con firmeza y la demuestra
en sus obras posee vitalidad para perpetuarse en el tiempo...
¡Esa es la vida eterna prometida por Dios en Jesucristo!
P. Sixto Alfonso Flores, Sdb
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