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Tema
para meditar
La conciencia y la dialéctica
Edgar López Bertrand*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Dios
ha puesto en nosotros la conciencia, permite que se presente como
fiscal contra nosotros, y la quiere utilizar como su megáfono.
Pero la conciencia también puede dirigir erradamente y, en
el peor de los casos, hasta puede ser mal utilizada por el diablo.
Por eso, es sumamente importante saber a quién sometemos
nuestra conciencia.
Dietrich Bonhoeffer dijo una vez: Nuestra conciencia sólo
puede ser dirigida por uno solo, Jesucristo. Sin embargo,
existe la posibilidad de que la conciencia pierda su filo: Los
cuales, después de que perdieron toda sensibilidad, se entregaron
a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza
(Efesios 4:19). Aquel que persiste en sus errores, a pesar de que
la conciencia sucia se manifieste, quien conscientemente se entrega
al pecado, con el tiempo, su conciencia va perdiendo el filo.
Fue así como Pol Pot, tirano camboyano, fue responsable de
2 millones de muertes en el correr de tres años y medio;
en aquel entonces, esto representó un quinto de la población.
Bastaba con poseer lentes, o estar afiliado a una categoría
profesional académica, para ser asesinado brutalmente. La
gente era aterrada con reasentamientos obligatorios, campos de trabajo,
lavados de cerebro y privación de alimentos. En 1997, Pol
Pot explicó, en una entrevista, que tenía la conciencia
tranquila.
Pero, un día, toda persona deberá presentarse ante
el Dios viviente y será juzgado por Él. La cinta interior
de nuestra alma, que registra todo con exactitud, será entonces
desbobinada. Todas nuestras acciones y faltas, todos los pecados
de omisión, todo pensamiento y toda doble intención,
nuestras palabras y sentimientos, también nuestros motivos
serán llevados a la luz. También cabe la posibilidad
de que la conciencia caiga en confusión: Recibid al
débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones
(Romanos 14:1).
Así, por ejemplo, está el hindú que tiene la
conciencia sucia si sacrifica una vaca. Pero no se inmuta cuando
sacrifica a sus hijos o cuando sus viudas deben tirarse sobre la
pira de sus maridos fallecidos. La conciencia se amolda a las respectivas
normas morales del entorno que la rodea. Citaré otro ejemplo
para esclarecer este hecho: Los agricultores de una cooperativa
en un país socialista vienen ante el alcalde y le preguntan:
Camarada alcalde, díganos: ¿Qué se entiende
por dialéctica?. El alcalde les contestó:
Queridos camaradas, no se los podré explicar tan fácilmente.
Pero les daré un ejemplo. Muy bien, imagínense que
dos camaradas vienen a mí. Uno de ellos es limpio, el otro
es sucio. Les ofrezco un baño, ¿cuál de los
dos aceptará el baño?. El sucio,
contestaron los agricultores. No, el limpio, contesta
el alcalde, pues el limpio ya está acostumbrado a bañarse;
el sucio no le da ninguna importancia al baño. Entonces,
¿cuál de los dos aceptará el baño?.
El limpio, contestaron los agricultores. No, el
sucio, pues necesita de un baño, dice el alcalde. Entonces,
¿cuál de los dos acepta el baño? Ambos,
contestan los agricultores desconcertados. No, ninguno de
los dos, dice el alcalde, pues el sucio no está
acostumbrado a bañarse y el limpio no tiene necesidad de
bañarse. Sí, pero camarada alcalde,
protestan los agricultores, ¿cómo quiere que
entendamos esto? Cada vez dice algo distinto y cada vez dice, justamente,
sólo aquello que encaja con sus planes. Ahí
lo ven. Eso es la dialéctica, dijo el alcalde sonriente.
Es algo gracioso, si no fuera tan serio. Pues, acaso nosotros ¿a
veces no somos también de estos dialécticos? Sabemos
que hemos cometido algo malo. Una voz en nuestro interior también
nos lo dice lisa y llanamente. Pero, enseguida aparece otra voz,
la voz dialéctica, el abogado del mal. Sabemos qué
es lo que dice preferentemente: No es tan grave. ¿Quién
lo va a tomar tan al pie de la letra? ¿Acaso los demás
no hacen lo mismo? Si nadie vio nada. Así, o de manera
parecida, se puede percibir esta voz. Ella trata que a aquello que
realmente pasó se le reste importancia, sea tergiversado
y sea presentado de otra manera. Esta voz satánica quiere
contradecir a la conciencia, que se está despertando. Alguna
vez alguien describió a la conciencia como una alarma
con contacto flojo. Por eso, debe ser ejercitada. La conciencia
necesita ser instruida, debe ser orientada según la Escritura
y necesita de la guía del Espíritu Santo. Nuestra
conciencia debe estar orientada según la medida de Jesús,
de lo contrario, será influenciada por el mal.
¡Recibe hoy a Jesús como tu Señor y Salvador
Personal!
*Pastor.
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