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Palabras
Resucita en plena velación
Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Mientras
celebraban su funeral, en plena vela, el cadáver de María
Consuelo Hernández se incorporó del ataúd y
pidió con voz quejumbrosa que le ayudaran a salir.
Los presentes se aterrorizaron, incapaces de encarar a aquel ser
que regresaba a la vida.
Esto sucedió el 22 de septiembre de 1977, en San Salvador.
Según se dijo, María Consuelo había venido
padeciendo de quebrantos y achaques de salud, hasta que falleció.
Después de pasar largas horas de muerte, la mujer regresó
a la vida, ante el asombro y la incredulidad del mundo. Los médicos
dictaminaron atención indebida en su muerte o que había
sufrido un estado transitorio de catalepsia.
Los familiares iniciaron un juicio de identidad para probar que
le ex fallecida vivía.
Este curioso caso de resurrección ilustra la real condición
humana en su necesidad de morir, a veces en vida, para llegar a
conocer el verdadero significado de la vida, y distinguirla en toda
su plenitud.
Día a Día
Los amigos de los trabajadores son las fábricas, los centros
de producción, lo que genera empleo. Y para que existan fábricas,
funcionen empresas y haya comercio, se requiere de inversiones,
de seguridad jurídica, de una relación estable y franca
entre patronos y trabajadores. Las buenas leyes y la estabilidad
social contribuyen grandemente al establecimiento de empresas; la
conflictividad, la lucha de clases, la prédica del odio,
no sólo no genera empleo, sino que destruye los existentes,
como sucedió en El Salvador durante la guerra.
Tómese el caso de Venezuela. El dictador Chávez se
presenta como amigo de los trabajadores. Y como tal
lo tienen los diputados de extrema izquierda en El Salvador.
Pero desde que Chávez, el amigo de los trabajadores,
llegó al poder, un millón de empleos se ha perdido
en Venezuela, con la consiguiente secuela de pobreza y necesidad.
Con esa clase de amigos, los trabajadores no necesitan enemigos.
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