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Fernando
Parrado:
¿Por
qué yo sobreviví?
Treinta
años después que cayera el avión en el que
viajaba en la cordillera de los Andes, Fernando Parrado, relata
la experiencia con la convicción que aunque estuvo en el
lugar equivocado, fue una oportunidad para volver a la vida.
Daysi Carolina Amaya
El Diario de Hoy
escenario@elsalvador.com
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Miles de personas asisitieron al teatro
presidente a escuchar el testimonio de Nando Parrado sobreviviente
del accidente aereo en la montaña de los andes en Sur
America.
Foto Digital Arturo Silva |
Nando es uno de los 16 sobrevivientes uruguayos --de
45 pasajeros-- que se dirigían a un partido de rugby en Chile
en 1972, cuando el avión de la Fuerza Aérea Uruguaya
se estrelló con un pico nevado por un error de pilotaje.
El drama de los estudiantes, que permanecieron por 72 días
hacinados en la parte delantera del avión en un espacio de
4.5 metros de ancho, con temperaturas de 30 grados bajo cero y sin
comida, agua, ni medicina, se llevó al cine bajo el título
Alive (Vivo) y en el libro La tragedia de los
Andes por Pierce Paul Read.
Parrado, ahora un exitoso empresario de television, se presentó
el viernes en el Teatro Presidente para compartir, por primera vez
con un público heterogéneo, los momentos difíciles
durante los dos meses y medio que luchó contra la muerte,
con el firme deseo de volver a ver a su padre.
Reiteró durante su ponencia, que la amistad que ya existía
entre los jóvenes desde mucho antes del accidente, les ayudó
de gran manera a enfrentar la desesperación y el miedo en
un glaciar a 4,500 metros de altura.
Los jóvenes, que tenían entre 17 y 22 años,
quemaron el dinero para poder darse calor por unos pocos minutos;
también rezaban para que saliera sol y dormía uno
encima del otro para mantener el calor en el pedazo de fuselaje.
Sobre la decisión de haber comido la carne de sus compañeros,
dice que cualquiera en esa misma situación hubiera hecho
lo mismo después de más de diez días sin comer.
Era indispensable, no había otra opción,
expresa.
Los sobrevivientes, dice, entendieron meses después del
hecho, que lograron salvarse por la conjugación de varios
factores, entre ellos el puro instinto, un trabajo en equipo, la
solidaridad, el coraje, la amistad y la suerte.
Parrado, entonces de 19 años, tenía en su pensamiento
que debía iniciar la expedición el 12 de diciembre.
El accidente ocurrió en octubre. Así, junto con su
amigo Roberto Canessa se dirigieron hacia el oeste para buscar ayuda.
Días después de haber caminado por montañas
de nieve y hielo, lograron divisar un arriero quien pidió
ayuda para rescatar al grupo.
Fe
Parrado trabaja en Montevideo. Vive junto con su esposa y sus dos
hijas, Verónica y Cecilia, de 17 y 19 años.
La pérdida de su madre, su madre y cinco de sus mejores amigos
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