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Opinando
Hagamos el bien en todos los aspectos
María José Bendaña
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Cita el Art. 2 de la Constitución de la República:
Toda persona tiene derecho a la vida, a la integridad física
y moral, a la libertad, a la seguridad, al trabajo, a la propiedad
y posesión, y a ser protegida en la conservación y
defensa de los mismos.
Derechos que no se cumplen en nuestro país desde hace unas
décadas y que, sin lugar a duda, se han ido acrecentando
a lo largo de estos años. No hay que ser psicólogo,
sociólogo, político o leer periódicos, para
advertir que nuestro pueblo está siendo descuidado en estos
derechos fundamentales para el buen vivir.
El Salvador está evolucionando desde la barbarie hasta el
salvajismo, al cual, si bien todavía no hemos llegado, nos
aproximamos cada vez más.
A diario podemos observar terribles casos de cientos de niños
que han recibido abuso y maltrato a manos de sus padres, parientes
o personas aparentemente de confianza; una madre que encadena a
su hija argumentando que lo hace para salvarla del peligro que hay
afuera de su casa; unos padres que matan a su hija porque creen
que está poseída por el demonio; un hombre que mata
a su esposa e hijastro por rencillas familiares; representantes
del pueblo que no pueden controlar su carácter e ideología
frente a las presiones de sus trabajos; una iglesia afanosamente
atacada y una sociedad cada vez más pobre de principios y
valores.
Este país cada día retrocede, porque cada vez estamos
peor organizados como sociedad, y esto surge de un solo dato que
es una demostración categórica: jamás hemos
tenido un nivel de trastornos mentales en nuestra tierra como hasta
la fecha.
Tampoco hay que ser detective para advertir que el nivel de vida
en el ámbito económico de los salvadoreños
contribuye a que muchos se sientan acorralados y descarguen toda
su insatisfacción en los seres más cercanos e indefensos.
Todos queremos que nuestro Pulgarcito de América salga adelante,
al menos ese es el eslogan que muchos utilizan por allí,
pero ¿qué hacemos por lograrlo?: enfrascarnos en discusiones
etéreas, abrigando rencores de épocas pasadas, originando
agudos conflictos por causa de las discrepancias en el pensamiento
político y, lo que es peor, creando una barbarie mental que
haga que un pueblo aplique su propia ley.
Como pueblo que desea progresar en todos los aspectos de la vida,
tenemos que esforzarnos cada vez más para intentar retroceder
menos; debemos crear espacios a través de nuestras instituciones
de trabajo que contribuyan a una mejor salud mental; en nuestros
barrios y colonias, fomentar el llevarnos bien con nuestros vecinos;
sugerir a los diferentes medios de comunicación televisivos
que nos brinden programas de entretenimiento verdaderamente familiares;
apoyar incondicionalmente a nuestras iglesias y, finalmente, dejar
de hacer críticas no constructivas y hacer propuestas que
le den soluciones a los problemas que más afectan a nuestro
país: el aborto, el abuso físico y moral contra la
mujer y los niños, la delincuencia, los valores morales perdidos;
cuando desaparezcan estos verdaderos enemigos, entonces podemos
decir que hemos logrado la paz tan anhelada.
Mahatma Gandhi citaba: No es posible hacer el bien en un
aspecto de la vida si practicamos el mal en cualquier otro. La vida
es un todo indivisible.
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