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Reconociendo méritos
Se ganaron los aplausos

Pedro Roque
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Pues este gran equipo era la orquesta “El Salvador Big Band”, una banda de la que, desde el primer momento, sin conocerlos ni haberlos visto antes, me sentí muy orgulloso. La calidad de la música, el entusiasmo y dinamismo con que el director se entregaba, la sintonía y sincronía de sus músicos, pero, sobre todo, porque se trata de músicos salvadoreños.

Hasta que me dolieron las manos, aplaudí la excelente calidad de música que escuché el martes por la noche. Realmente, todos los que asistimos al show aplaudimos suficiente tiempo para demostrar nuestra satisfacción con la actuación. Este concierto me trajo a la memoria mi tiempo en Alemania, cuando oía a las excelentes orquestas de James Last o de Max Greger, o si ustedes la vieron, la nueva orquesta de Glenn Miller, que visitó El Salvador hace algún tiempo.

El concierto lo dedicaron, principalmente, a la música de “Los Beatles” y nos deleitaron con los siguientes títulos, que el lector seguramente reconoce: “Can’t buy me love”, “Hey Jude”, “Lady Madonna”, “A hard day’s night”, “Yesterday”, “Bird Land” y otros como “Tiger of San Pedro”, “Twist and shout”, “Los hijos de Sánchez” y, para terminar, un tema improvisado en el que los maestros hicieron solos de trompeta, saxo, batería y bajo.

La satisfacción de la gente se veía en su cara y se oía en la intensidad y duración de los aplausos. Creo que, a todos, esta música nos trasladó a otros lugares y a otros tiempos...

La verdad es que, cuando vi el anuncio, asumí que se trataba de una banda que visitaba El Salvador, y como me gusta el jazz, acudí al concierto para pasar un buen rato viendo el espectáculo.

Hace un año, con mi hijo, que toca la batería, visitamos en Nueva Orleáns bastantes lugares de la “Bourbon Street”, donde tocan los buenos músicos de jazz y, en mi opinión, la orquesta que vi el martes no tiene nada que envidiarles.

Les confieso que, antes de llegar, pensé que se trataba de una orquesta de siete o, a lo máximo, diez músicos, pues el precio de la entrada era sólo de diez dólares.

Gran sorpresa, señores... Me encontré con una orquesta de dieciocho músicos, correctamente vestidos, con traje oscuro, en la que el más joven ronda los veinte años y algunos, los sesenta. Desde el principio me di cuenta de que se trataba de un equipo con la energía de la juventud, la habilidad de los músicos entre los treinta y los cuarenta y la gran experiencia de los sesentones, sincronizados y acompasados de tal forma que en total hacen un gran equipo.

Pues este gran equipo era la orquesta “El Salvador Big Band”, una banda de la que, desde el primer momento, sin conocerlos ni haberlos visto antes, me sentí muy orgulloso. La calidad de la música, el entusiasmo y dinamismo con que el director se entregaba, la sintonía y sincronía de sus músicos, pero, sobre todo, porque se trata de músicos salvadoreños que, en poco tiempo y mucho entusiasmo, se han organizado para salir al mundo a dar a conocer de lo que son capaces.

Lo normal es que las orquestas salvadoreñas toquen muy bien música tropical. El jazz y las Big Band los ubicamos, más bien, en el entorno americano o europeo, pero esa noche nos dimos cuenta de que aquí también tenemos gente que sabe tocar algo más que música latina. Me alegra mucho que en El Salvador tengamos ya una “Big Band” de esta categoría, presentable en cualquier escenario del mundo.

Hablé con el director, a quien me acerqué en el intermedio para felicitarle, y me contó que están empezando con una serie de conciertos en El Salvador y planificando ya sus primeras actuaciones en Centro América.

Sería muy bueno que las instituciones que promueven la exportación vieran en esta banda una buena posibilidad de exportar el arte de hacer música y de promoción de El Salvador en otros países.

Hablando de la internacionalidad de El Salvador, creo que una buena orquesta, tocando melodías que reconocen inmediatamente en todo el mundo, será muy bien recibida en cualquier país.

Me gustó que incluyeron en el programa la definición y explicación de los tres elementos que sirven para “construir música”, útiles para entenderla mejor: La “melodía”, que es la sucesión de sonidos simples, diferentes entre sí por su intensidad, altura y duración con que se expresa la idea de la música; la “armonía”, que es la producción y sucesión de tres o más sonidos simultáneos que conforman los acordes, y el “ritmo”, que es el orden y la proporción de los sonidos y silencios en el tiempo. Sabiendo esto y poniendo atención al desarrollo de un proceso musical, entenderemos mejor la música y las motivaciones de quienes la compusieron.
Con los tratados de libre comercio, queremos llegar al mundo con los productos salvadoreños y con el desarrollo del turismo, que vengan muchos turistas a conocer y a disfrutar de El Salvador... Ojalá que sea pronto.

¿Podemos dar a conocer a El Salvador en el mundo por medio de la música internacional? Ya lo creo que sí. Si la música internacional que todos conocemos es muy bien interpretada, puede convertirse en el mensaje de la “mentalidad internacional” salvadoreña.

En cuestión de música orquestal, asociamos a James Last o a Max Greger con Alemania y, sin duda, a Glenn Miller con Estados Unidos. Ojalá que en poco tiempo el mundo asocie a “El Salvador Big Band” con nuestro país.

¿Qué hace falta para promover un producto y exportarlo? Lo primero, darlo a conocer dentro del país. De momento siento que es lo que les falta, que los salvadoreños conozcamos y apreciemos más lo que aquí tenemos. La mejor manera de hacerlo es acudir a sus conciertos con el mismo entusiasmo que llenamos el auditorio de la Feria cuando viene alguien extranjero. Lo que tenemos aquí es tan bueno o mejor que los grupos que vienen a visitar nuestro país. El martes quedó claramente demostrado.

Yo creo que esta banda, por su calidad de música, merece nuestro apoyo para internacionalizarse, y les deseo lo mejor para que esto ocurra pronto.

Lo que deben mejorar, tanto el público como la banda, es la puntualidad en el inicio y un poquito la ingeniería de sonido. Lo demás mereció un diez y, desde aquí, mi enhorabuena.
* Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

 

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