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Los
inmortales
Como
es la vida. Hay lugares en los que me gustaría que mi nombre
(o sea yo) se quedara grabado para toda la eternidad.
Por Telena
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
No
me van a decir que nunca se les había pasado eso por la cabeza.
Pues a mi sí, sobre todo cuando voy por la calle. Me pongo
a leer mentalmente los rótulos y los voy cambiando a mi gusto:
Almacenes Telena, Librería Telena,
Banco de Telena, Helados Telena, Cines
Telena, Supermercados Telena y así sucesivamente.
Eso le levanta a cualquiera la moral.
Pero lo que más me emociona de este ejercicio de inmortalización
son las calles y avenidas. ¿Se imaginan? Yo sí. Calle
Telena, Avenida de la Telena o bien, Monumento
a la Telena conocida, Plaza Telena, Paseo
de las Telenas. Qué emoción.
Un pedacito de mi en algún lugar de este planeta. En esas
circunstancias yo le pongo mi nombre a lo que sea (casi) si con
eso consigo dejar mi no tan humilde huella en un lugar lleno de
no tan humildes huellas.
Y claro, me gustaría quedar grabada en los libros, algo así:
La colección completa de los cuentos de Telena,
Telena en Africa, Las mejores novelas de misterio
de Telena, Todos los niños con Telena o
La ingeniosa doña Telena sin mancha. Y así
estoy por horas, qué cansona debo ser.
Eso sí, debo estar atenta a no quedar inmortalizada
en un muro por borracha, aparecer en los titulares de los periódicos
más importantes como una asesina, corrupta, vendida, depredadora
del medio ambiente, mata ballenas, come niños, mujer barbuda,
rubia tonta, idiota, vende armas, drogadicta, patas planas o mentirosa
descomunal. No, eso no me gustaría para quedar en la memoria
colectiva.
Para los interesados me pongo a la disposición. Si a alguien
no se le ocurre un nombre para un hogar de niños, para un
refugio de animales, un asilo, un colegio y hasta para un estadio
de fut. También para canciones o para una nueva especie de
árbol, el Telenus Arboreus.
Porque las ganas de quedarnos en la Tierra después de colgar
los tenis no nos faltan. Nos tratan mal, a veces hasta nos tratan
a patadas pero ya ves, somos de la misma familia, de eso que conocemos
como Humanidad.
Y bueno, a la familia hay que quererla.
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