| |

Enfoque
espiritual
Angustia en Belén
Pastor Roberto Bustamante
Editorial
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
La
ciudad de Belén vuelve a se protagonista en los noticieros
mundiales y no precisamente para recordarnos la Natividad, sino
para mostrarnos que la guerra en sus calles puede hacer arder a
todo el Medio Oriente.
Belén es una de las antiguas ciudades de Israel. Tiene un
gran protagonismo bíblico, pues en ella se desarrollaron
importantes eventos proféticos.
Belén fue la cuna de Booz y Noemí, allí surgió
el relato idílico del libro de Ruth; Belén vio nacer
a Isaí, padre de David. Fue en Belén que el profeta
Samuel ungió a David como Rey de Israel. (1ª. de Samuel
16:4).
Jesús, descendiente del linaje de David, nacería en
Belén, según lo anunció el profeta Miqueas
(capítulo 5 y versículo 2).
Pero tú Belén Efrata; pequeña para
estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá
el que será Señor en Israel.
En Hebreo se llama Beit lejem o casa del pan. Otros nombres son
Efrata, comparable a un distrito y significa fertilidad.
También se le llama Belén de Judea, ya que está
en el territorio que ocupó esa tribu.
La profecía de Miqueas fue escrita 700 años antes
de Cristo y tiene su fiel cumplimiento en el libro de Lucas, capítulo
2. Entonces Herodes les preguntó a los magos, dónde
había de nacer el Cristo y éstos dijeron: en Belén
de Judea; porque así está escrito por el profeta.
Desde el punto de vista bíblico es innegable el protagonismo
de esta ciudad en el plan de Dios.
Angustia hoy
Ciudad de grandes alegrías, pero también lo ha sido
de grandes tragedias, después que Herodes recibió
la respuesta de los magos y supo que en ella nacería un Rey,
ordenó la matanza de todos los niños menores de dos
años que vivieran en Belén y en sus alrededores. Aquí
se cumple otra profecía de Jeremías cuando dice: Voz
que fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro
y gemido de Raquel que llora a sus hijos...... Mateo
2:16-18.
Hoy, en el año 2002, sus antiguas calles son escenario del
rugir de tanques, bombas y metralla. La aldea que vio nacer al Príncipe
de Paz, es escenario de un serio conflicto que puede alcanzar proporciones
peligrosas para el mundo.
Hoy más que nunca los seguidores de Jesucristo, Príncipe
de la Paz, debemos interceder por estos pueblos y unirnos al clamor
del apóstol Pablo, de hacer rogativas y peticiones para y
por la paz de esa región. (1ª. Timoteo 2:1-5).
.
|
|