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La
nota del Día
Quieren mantenernos en la edad de piedra
Las casas y terrenos que resulten afectados por el periférico,
lo repetimos y se debe repetir todo el tiempo, serán pagados
a un precio justo
Grupos de agitadores se han dado a la tarea de bloquear carreteras
para oponerse a la construcción del periférico, dentro
de la general estrategia de la extrema izquierda para mantener a
El Salvador en la edad de piedra. Las vías rápidas,
pasos a desnivel, los atajos de la más variada naturaleza
y cualquier camino bien trazado, son vitales para agilizar el comercio,
bajar los tiempos del transporte, reducir la contaminación
y, en general, elevar la calidad de vida de la gente.
Toda carretera, ampliación de calles, paso a desnivel o mejoras
en el sistema vial siempre tiene sus costos. Si bien con el periférico
un número de viviendas tendrá que se demolido, las
ventajas que se obtendrán al facilitar y agilizar el tránsito
entre los distintos sectores del área metropolitana y del
país son abrumadoramente superiores a los inconvenientes
y costos.
Sólo pensemos que por culpa de protestas y marchas, no se
hubiera construido la Alameda Juan Pablo II. El tráfico en
la capital sería mucho más lento, la contaminación
ambiental todavía más grave, y el tiempo que necesitaría
la gente para ir a sus trabajos casi se duplicaría. Con los
pasos a desnivel ocurre igual: hubo perdidosos, como casas que quedaron
a la sombra de puentes, o edificios que perdieron la facilidad de
acceso. Y esas pérdidas son muchísimo mayores que
el valor de las casas que serán demolidas por las obras del
periférico, y que serán pagadas a precio de mercado
por el gobierno.
Las chusmitas que ahora bloquean caminos están siendo movidas
a puro engaño y falsificación. A los dueños
de esas viviendas y lotes les dicen que sus bienes serán
expropiados y que no obtendrán un centavo por ellos. Lo que
es peor, no se les presenta a los vecinos de las diversas comunidades
el otro lado de la medalla: los importantísimos beneficios
que recibirán al reducirse el tiempo para llegar a sus trabajos
y desplazarse. Como ejemplo, con el periférico, una persona
que necesite ir de Soyapango al aeropuerto o a la zona franca de
San Andrés ahorrará más de media hora. Y encima
de ello, el periférico evitará que en las calles de
sus barrios y colonias circulen vehículos de paso, ensuciándoles
el aire y ensordeciéndolos con el ruido.
Las casas y terrenos que resulten afectados por el periférico,
lo repetimos y se debe repetir todo el tiempo, serán pagados
a un precio justo. Ni el muy inteligente ministro de Obras Públicas,
ni nadie en el gobierno, va a tener la ocurrencia de meter tractores
en casas ajenas, como pintan los efemelenistas a los incautos. Por
el contrario, varias alcaldías que son ahora repúblicas
socialistas populares y revolucionarias, detienen proyectos de inversión
sin que les importe los daños económicos que con ello
ocasionan a los propietarios.
Nadie mete tractores en casas ajenas
La campaña contra el periférico tiene el mismo origen
mental de lo que estuvo a punto de suceder con Cutuco: la extrema
izquierda se cerró en que no quería su construcción,
a pesar de los visibles, lógicos y enormes beneficios que
la obra iba a acarrear al puerto de La Unión, a la Zona Oriental,
y al país entero. Lo más significativo, es que no
hay argumento en apoyo de tales posturas, o que estén dispuestos
a discutir el asunto partiendo de la sensatez. Lo único que
vale es estorbar, crear desempleo, ahuyentar inversionistas.
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