| |

rpreta la actividad económica como estática, sin
crecimiento. De allí nace la teoría de la explotación
y la denuncia sobre el supuesto enriquecimiento de unos pocos a
costa del empobrecimiento de los muchos. Cuando se manifiestan contra
las galletas salvadoreñas, los obreros de Panamá dan
por sentado que, al importar galletas salvadoreñas, forzosamente
la venta de las galletas locales disminuirá, lo que en efecto
ocurre cuando los productores no se adaptan a las nuevas circunstancias
y compiten con mayor efectividad. Es lógico que algunas de
las empresas no harán los cambios para enfrentar el desafío
y pueden llegar a desaparecer. Pero esas son siempre las menos,
ya que el instinto de supervivencia hace que las empresas se actualicen,
formen alianzas con otras empresas, o vendan. Cuando en El Salvador
empresas del exterior se han establecido, las locales no sólo
sobreviven, sino que con frecuencia prosperan y vencen.
O nos globalizamos o retrocedemos
Lo que los obreros panameños, al igual que los políticos
de izquierda salvadoreños, no acaban de entender es que la
globalización es imparable, por lo que en vez de oponerla
deben propiciar las condiciones para aprovecharla. Lo contrario
es condenarnos al retraso perpetuo.
|
|