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El
marimbero de Turín
Don
Eberto Quezada Mejía, de 77 años, originario de Turín,
Ahuachapán, desde que tenía 13 años se dedica
a elaborar marimbas artesanales.
Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos EDH/Maritza Santos
vida@elsalvador.com
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| Don Eberto, fabrica marimbas desde hace
50 años en turin, Ahuachapán. Foto
Maritza Santos |
En el barrio La Unión, de la ciudad de Turín, en
la jurisdicción de Chalchuapa, vive el señor Eberto
Quezada Mejía, de tez morena, pelo entrecano y un metro con
sesenta centímetros, quien desde la edad de 10 años
aprendió el oficio de la carpintería de su padre.
A los 13 años, don Eberto, quien era un apasionado de la
música de las marimbas, se propone fabricar su propio instrumento,
aunque él no tenia ningún conocimiento sobre cómo
elaborar ni mucho menos tocarlo.
Prácticamente nadie me enseñó a fabricar
las marimbas, lo único que me sirvió como base para
hacerlo fueron mis conocimientos de carpintero, dice don Eberto,
quien es conocido por sus vecinos como don Beto Marimba.
Según el veterano carpintero, a partir de entonces no pudo
sacarse de su corazón el amor y la pasión que sentía
por este peculiar instrumento.
Incluso unos meses después aprendió a tocar la marimba
a la perfección y formó un trío musical llamado
Los Mejía, con el cual recorrió varias
poblaciones del occidente del país.
Años después forma un grupo de ocho personas, llamado
Los Quezadas, con el que realizó presentaciones
en fiestas patronales y en varias ciudades.
Su carrera de músico, sin embargo, terminó a la edad
de 30 años, cuando se dedicó por completo a fabricar
marimbas para comercializarlas. Hasta la fecha, el señor
Quezada afirma que ha elaborado unos 5000 instrumentos.
Sin muchos compradores
Los precios de las marimbas oscilan entre los 800 y los 3500 colones,
y don Eberto puede fabricar hasta seis instrumentos por año.
Este negocio está muy mal, ya que no existe demanda
de ninguna agrupación o persona interesada en comprar este
tipo de instrumentos. Incluso en ocasiones he pasado con una marimba
más de un año sin poder venderla, dice el artesano,
quien luce cansado por el paso de los años, aunque no pierde
la habilidad en sus manos para elaborar y afinar cada una de las
marimbas que construye.
Para fabricar los instrumentos, don Beto utiliza cedro y laurel
para los cuchumbos (cajas de resonancia), laurel, cedro y cortez
para las mesas, y madrecacao para los teclados, pero esta madera
debe ser seleccionada especialmente para que produzca un sonido
limpio y claro.
Entre algunas de las marimbas más grandes que ha elaborado
está una que mide unos dos metros y medio de largo, mientras
que la más pequeña es de 1.60 centímetros aproximadamente.
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| Don Eberto, junto con la familia en Ahuachapán
lugar donde reside. Foto: Maritza Santos |
A pesar de que no existe ninguna demanda de marimbas, el carpintero,
quien utiliza solo herramientas artesanales para confeccionarlas,
afirma que continuará con su labor hasta que su cuerpo se
lo permita, ya que toda su vida se la ha dedicado a la construcción
y a la ejecución de este instrumento musical.
recuadros
¿Quiere comprar una?
Si está interesado en adquirir una de las marimbas de don
Eberto, puede comunicarse al teléfono 444-1705 con el señor
César Grijalva (vecino del señor Quezada), o visítelo
en la Avenida Central Sur Tomás Delgado, número 27,
Barrio La Unión, Turín, Ahuachapán.
Escalas diatónicas
Las cajas de resonancia se construyen de madera de cedro o ciprés,
afinadas de acuerdo con la tecla y con una membrana pegada con cera
en el extremo inferior, lo que permite y facilita la prolongación
del sonido.
La construcción de las primeras marimbas fue de solo escalas
diatónicas (las escalas que producen los pianos) y se les
dio el nombre de marimbas sencillas; en las que, para realizar un
sonido, los ejecutantes pegaban una bolita de cera en un extremo
de la tecla, bajándole así medio tono, a lo que los
marimbistas llaman transportar.
Ahora existen muchos tipos de marimbas, que pueden ser tocadas por
varias personas a la vez, por ejemplo la marimba sencilla, que puede
ser interpretada por tres o cuatro personas (según su tamaño).
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