Turismo
 
Inicio del Sitio Sábado 9 de marzo
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
COMUNIDAD
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
PDA
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Breve análisis
Decir tonterias en cinco idiomas

Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
cmayora@istmania.com

Tal como se está orientando la educación en algunos ambientes, nos estamos dirigiendo irremisiblemente a contar con una juventud que dominará perfectamente cinco idiomas, pero lastimosamente -en frase de Unamuno-, sólo será capaz de decir tonterías

En los tiempos que corren, cualquier colegio que se precie, si quiere ser competitivo en el mercado, debe incluir necesariamente entre los puntos fuertes de su oferta educativa dos asignaturas: computación e inglés.
Todo padre de familia sabe que la informática y el inglés son un moderno abracadabra que abre las puertas de los mejores empleos, pues adornan muy bien cualquier currículum vitae. Más aún, también es conocido que esas asignaturas son elementos imprescindibles para estudiar cualquier ingeniería, administración de empresas, negocios y ahora hasta medicina, y que por lo tanto son la llave para conseguir una buena posición económica en la vida, aunque, en realidad, el simple hecho de terminar una carrera de esas no garantiza a nadie la prosperidad económica…

Pero ayudan, pues a nadie escapa que el inglés se ha convertido en la “lengua franca del imperio”, y la informática es actualmente mucho más que un idioma o un medio de comunicación: es un modo de estar en la vida, es un ethos en el que se mueven el hombre y la mujer modernos, y fuera del cual con frecuencia están desubicados respecto al mundo laboral, social y, en algunos casos, hasta del familiar.

Hasta aquí, muy bien, pero los problemas comienzan cuando el panorama cultural y social de muchas personas se queda sólo en las herramientas, y no se llega a ver más allá de un horizonte estrecho y limitado. Es triste comprobar la tremenda presión social y familiar que sufren inteligencias jóvenes muy prometedoras, potencialmente infinitas -quizá las de quienes tomarán el relevo en la dirección del país en pocos años-, y que les hace conformarse con “saber para pasar”, o con “saber sólo lo que me va a servir”, y desechar como teórico o sin importancia lo que no tiene utilización inmediata. Y no hablo sólo de alumnos de bachillerato, me refiero, también, a estudiantes universitarios y profesionales jóvenes, ávidos de saber cómo aprender, pero sin ideas claras acerca de qué aprender.

“Aprender a aprender” se ha vuelto un tópico, y se pone mucho esfuerzo en perfeccionar los modos de aprender, pero, lastimosamente, se olvida cada vez más la pregunta que se deriva lógicamente de esa frase hecha: ¿aprender qué? A veces he cuestionado a otros con esa pregunta, y se me ha contestado que los contenidos son lo de menos, pues eventualmente pueden encontrarse en cualquier libro, en cualquier sitio de Internet o en cualquier base de datos. Y precisamente ahí está el meollo del problema: si se aprende en cualquier lugar, forzosamente se aprende cualquier cosa.

Qué bien encajan aquí los versos de T.S. Eliot -citados frecuentemente-, cuando dice: “¿Dónde está la sabiduría que se nos ha perdido en conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que se nos ha perdido en información?”
Con ese afán de “salir del paso” (lamentablemente no sólo en el caso de alumnos, sino también en el de algunos maestros), al quedarse solamente en la capacitación y adiestramiento para empuñar las herramientas, quedan fuera del marco de la formación temas tan importantes como la capacidad crítica, la cultura general, las humanidades (y por lo mismo el sentido del esfuerzo, el sentido de la vida), la ética, etc.
Y lo más grave, a mi juicio, es que se marchitan los grandes ideales en las voluntades juveniles, los impulsos de cambiar el mundo, de servir a los demás. Pues sobre una base fundamentada sólo en el pragmatismo, no es posible la formación cívica ni la creación de una conciencia en los jóvenes de que son responsables de su formación para integrarse productivamente en la sociedad donde viven.

En otras latitudes, los gobiernos se han dado cuenta de que mucho de la crisis social por la que atraviesan sus países se debe a la carencia de una formación que vaya más allá de las disciplinas exclusivamente técnicas. El olvido de las humanidades conduce a la incomunicación (aunque se hablen cinco idiomas), la incomunicación lleva al aislamiento y el aislamiento es el caldo de cultivo más fértil para el totalitarismo.
Pero si se recuperan las humanidades, se ganan con ellas la capacidad crítica (vital para la democracia), la incorporación a la propia sociedad de los tesoros culturales de civilizaciones distintas a la propia, la posibilidad de hacerse planteamientos profundos respecto a la propia vida (vital para encontrar el sentido de la existencia), y el incremento de la motivación y de la capacidad de innovación (vitales en una sociedad cada vez más intercomunicada).

Los padres de familia, los políticos y los educadores tenemos que plantearnos a fondo esta cuestión. Si no, tal como se está orientando la educación en algunos ambientes, nos estamos dirigiendo irremisiblemente a contar con una juventud que dominará perfectamente cinco idiomas, pero lastimosamente —en frase de Unamuno—, sólo será capaz de decir tonterías.

*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y
columnista de El Diario de Hoy.

 

  HACIA ARRIBA

VERTICE Escuela de Angeles HABLEMOS Cactus-Mania GUANAQUIN Familia PLANETA ALTERNATIVO Dieta Espiritual


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal
   
CORREO GRATIS
Página principal de Mail
Usuario
Clave
 
¿No tienes cuenta?
Inscribete aqui!