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Bajo el amparo de Dios

Thelma Villalobos Tenorio, de 20 años, padece de parálisis cerebral. En medio de la pobreza, sus padres adoptivos la han colmado de amor y d comprensión. Ahora ellos necesitan de una mano amiga para salir adelante.

José Osmín Monge
Fotos: EDH / Maritza Santos
vida@elsalvador.com

En 1984, cuando Thelma Nohemy tenía dos años fue abandonada en el hospital Santa Teresa, de Zacatecoluca, La Paz.
Sus irresponsables progenitores la dejaron a merced del infortunio y de la soledad. Ellos no contaron con la suficiente paciencia, valentía y el verdadero amor para hacerse cargo de su pequeña hija, quien nació con parálisis cerebral.

Pero bien dicen que Dios no desampara a sus hijos. La niña fue adoptada por una pareja de esposos, quienes a sabiendas del estado de salud de la menor, decidieron entregarle todo su amor y su paciencia, aun en la pobreza.
Han pasado 18 años desde que don Pedro Arturo Tenorio y doña María del Carmen Villalobos de Tenorio tomaron en brazos a Thelma y la hicieron su hija. Desde el día que asumieron esa responsabilidad no han dejado de colmarla de caricias y de bendiciones.
“No pudimos tener nuestros propios hijos, pero Dios nos regaló a Thelma. Antes de adoptarla, nosotros ya sabíamos de su enfermedad”, expresa don Pedro.

Salud desmejorada

Thelma es una jovencita de piel morena, cabellos y ojos negros, que vive inmersa en la pobreza y en su enfermedad. Permanece la mayor parte de su tiempo postrada en una vieja hamaca o sentada en un corral de madera jugando con su primo José ElÍas, de nueve años.
Cuando no está entretenida, permanece inquieta con su mirada perdida en los oscuros rincones de su vivienda. No habla, no tiene noción del tiempo, no es capaz de valErse por sí misma y sólo sabe reaccionar con una sonrisa ante las palabras y las caricias de sus padres y familiares cercanos.
Desde el año pasado, la salud de Thelma ha empeorado. Ahora padece de ataques epilépticos y de pánico. Según sus padres, fue el miedo provocado por el terremotos de enero del año pasado lo que desmejoró la salud de la muchacha.

“Cuando tembló fuerte, ella gritaba del miedo. En medio de la desesperación quería hasta hablar. Antes del terremoto se podía parar, ahora ya no lo hace”, expresa doña María del Carmen.
No sólo de amor vive el hombre
Según la señora de Tenorio, tanto ella como su esposo están cargando una cruz al cuidar a su hija; sin embargo en ningún momento se han arrepentido de tenerla junto a ellos. Es más, consideran que ha sido Thelma uno de los motivos de su existencia.

La pequeña casa de la familia Villalobos Tenorio está construida de palma y de láminas, y se encuentra a orillas del estero de Jaltepeque, en el cantón El Mozote, jurisdicción de San Antonio los Blancos, La Paz.
En la vivienda abundan el amor y la tolerancia, pero también las necesidades. Esta familia se sostiene gracias al trabajo que realiza don Pedro Arturo, quien se dedica a la pesca.
“El trabajo no es tan bueno. Nosotros la vamos pasando gracias a la misericordia de Dios. A veces comemos y otra no”, comenta el señor Tenorio.

Sin tratamiento

Según los esposos Villalobos Tenorio, hace unos diez años, Thelma Nohemy recibía atención médica en el Instituto de Rehabilitación de Inválidos.
Ahí se le brindaba fisioterapia; sin embargo el tratamiento fue suspendido debido a la falta de recursos económicos: no contaban con suficiente dinero para viajar desde su lugar de residencia hasta San Salvador.
“Un día, una enfermera del Centro de Parálisis nos dijo que para qué habíamos pedido a la niña en adopción, si no servía para nada. Esas palabras me dolieron mucho, y desde entonces dejé de llevarla a ese lugar”, comenta con tristeza doña María del Carmen.
Una de las mayores preocupaciones de don Arturo y doña María del Carmen es la alimentación de su querida hija, pues en muchas ocasiones no tienen qué darle de comer.
A pesar de las necesidades, la familia Tenorio permanece unida, confiando en la Providencia de Dios, pidiéndole a Él energías para salir adelante.
También piden a las personas bondadosas y de buen corazón que les ayuden a hacer menos pesada la cruz que cargan. “Una silla de ruedas sería de mucha utilidad. Así podré llevar a mi hija sin mucho esfuerzo a la iglesia”, puntualizó don Pedro Arturo.

¿Desea ayudar?

Si quiere ayudar a la familia Villalobos Tenorio, ya sea con víveres, ropa, dinero o con la silla de ruedas, comuníquese a esta sección, a los teléfonos 271-0122 y 271-0100, extensión 1343.
Thelma, doña María y don Arturo estarán infinitamente agradecido por la ayuda que les brindemos.
 

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