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Llegó
el desarrollo
El negocio parecía ser muy bueno. Sólo tenía
que buscar un cooperante europeo, venderle la idea que
estaban trabajando por llevar el desarrollo a la zona rural y vivir
de las donaciones.
Por Luis Lainez
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Gabriel
se frotó las manos con satisfacción. La primera parte
del proyecto sobrepasaba el millón de colones.
- ¡Y apenas es el primero, compañeros! ¡Ahora
sí que vendrá el desarrollo! -dijo al resto de socios,
es decir, los miembros de la ONG recién creada.
La Fundación Desarrollo hacia el Mundo Libre (FDML) contrató
a una agencia de publicidad para hacer los afiches, retocar fotos
e imprimir manuales y propaganda, es decir, los informes que la
FDML enviaba a los cooperantes.
Los donantes estaban muy emocionados por ser colaboradores directos
para el desarrollo de miles de familias sumidas en la pobreza
estructural. Al menos eso decían los reportes de la
FDML.
La mañana calurosa les recordó que estaban en el Tercer
Mundo. Tocaron el timbre de la puerta, en la dirección que
los folletos decían que estaba la ONG que ellos financiaban.
A simple vista se asemejaba a todas las casas de clase media alta
de la zona. No parecía ser la sede del mayor esfuerzo
de la sociedad civil para salir del atraso.
Gabriel había tenido una noche terrible. Había llegado
a las tres de la madrugada, borracho, después de discutir,
entre wiskys y vodkas, cuál sería el nuevo proyecto
para los donantes.
Cuando abrió la puerta se encontró con tres hombres
y dos mujeres de edad madura, todos blancos y de cabellos rubios.
El más perpicaz de ellos se adelantó al grupo y le
dijo, con un español casi ininteligible, que estaban perdidos
y que no sabían cómo llegar a su hotel, que si les
permitía hacer una llamada telefónica.
Gabriel accedió de mala gana. Dentro se dieron cuenta que
la sede de la FDML no era más que una casa común y
corriente, excepto por un cartel.
- ¡Ese es mi changarro!
Ante la interrogación que se dibujó en sus rostros
explicó que era su forma de ganarse la vida.
- ¡Ah!, el desarrollo -alcanzó a decir uno de ellos.
- Sí, mi desarrollo, no como el de ustedes, pero algo es
algo, ¿verdad?
Los tipos rubios se miraron entre sí, tomaron una chequera
y escribieron five dollars.
Gabriel reconoció la firma, y quiso explicarse. Pero era
muy tarde.
- Es para pagar la llamada y para finalizar el flujo de las donaciones.
Así es el mundo desarrollado. Muchas gracias.
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