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Cuando
el tío Oscar dice ¡No!
La
historia del Oscar registra algunas fallas en la entrega del mismo.
Orson Welles es un buen ejemplo de ello
Rolando Medina-López
Enviado especial de El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Muchas
personas se preguntan si los Oscar premian a lo mejor del cine.
Haciendo una retrospectiva de ediciones pasadas y notar que grandes
artistas y cineastas siguen sin tener una estatuilla en sus manos
o, peor aún, han fallecido sin que su aporte fuera reconocido
de manera especial, la respuesta podría ser un rotundo no.
Nadie duda de que Alfred Hitchock fue un gran director. Que Chaplin
ha sido el cómico más grande en la historia del cine.
Que Martin Scorsese es el director estadounidense de mayor prestigio
en la actualidad.
Y qué decir de Richard Burton, catalogado como uno de los
tres más grandes actores que han dado las islas británicas.
Sin embargo, todos ellos tienen algo en común: Nunca han
recibieron un Oscar. Las estatuillas honorarias por trayectoria
de toda una vida no cuentan. Tienen sabor a premio de consuelo.
De ellos, Scorsese es el único que aún vive y por
lo tanto todavía tiene oportunidad de ganar al menos uno.
En teoría.
El ciudadano sin Oscar
Otro caso lamentable es el del genio Orson Welles. Welles en realidad
sufrió por el boicot que hiciera de él William Randolph
Hearts a quien esbozó de manera crítica e irónica
en la obra maestra Ciudadano Kane en 1941.
En la edición de ese año y gracias a una campaña
de desprestigio montada por todos los periódicos de Hearts,
esa cinta perdió ante John Ford y su Qué verde
era Mi Valle, versión suavizada de la problemática
de la pobreza de los pueblos mineros de Irlanda. una gran película
pero que jamás podrá superar en importancia y aporte
cinematográfico a lo que Welles logró. Comencé
en la cima y de ahí todo fue cuesta abajo, dijo el
director en una ocasión. Nunca ganó un Oscar; como
la mayoría, al final de su vida recibió una estatuilla
honoraria.
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