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Orientaciones familiares
Zanjando diferencias en el matrimonio
Por Pastor Mario Vega
El Diario de Hoy
orientaciones.familiares@navegante.com.sv
Un
matrimonio armonioso no es el resultado de la unión de dos
personas que piensan de manera idéntica sobre los temas de
la vida, mas bien es la unión de dos personas que teniendo
opiniones diferentes o contrarias aplican las medidas necesarias
para vivir en armonía.
Una pareja puede tener diferencias en cuanto a muchos puntos de
vista pero la mayor parte de ellos son superables si se aplica el
empeño suficiente. Los matrimonios se concertan, generalmente,
sobre la base de una afinidad en los elementos sustanciales de la
vida. De ahí en adelante los demas temas son de relativa
fácil solución.
La manera de lograr una comunicación funcional inicia por
reconocer la libertad que cada uno tiene de expresar sus ideas.
Es posible que tales ideas sean correctas, erróneas o incompletas.
Pero, en todo caso, reflejan el pensar de la persona.
En la expresión de las opiniones propias las personas deben
hacerlo de manera respetuosa y serena. No es necesario utilizar
las palabras hirientes para defender los puntos de vista. La excitación
en la exposición del pensamiento únicamente nubla
la comprensión de lo que se quiere decir.
Para darse a entender algunas veces es necesaria la repetición.
La persona no debe llegar al cansancio ni a la exasperación
por tener que explicar una y otra vez sus puntos de vista. Debe
recordar que a mayor repetición mayor comprensión
de sus opiniones se logrará.
Tan importante como saberse expresar es el saber escuchar. El no
interrumpir a una persona cuando habla, el escuchar sus argumentos
completos son elementos importantes para que la comunicación
se instituya.
Es posible que no se esté de acuerdo con todo lo que la otra
persona dice, pero el saber esperar hasta el final es una muestra
de respeto a sus opiniones y una base para poder expresar luego
las ideas personales.
Una vez se han expresado las opiniones es necesario llegar a acuerdos
sobre lo hablado. Estos acuerdos deben ser el producto de una negociación
donde cada parte establece los límites hasta donde puede
ceder a fin de lograr la armonía matrimonial.
El ceder no significa doblegarse o perder la dignidad, significa
extender la tolerancia hasta donde sea posible. Una vez hecho esto
luego se descubrirá que se puede ceder todavía un
poco más. La práctica de ceder nos enseña a
ceder un poco más. Quien nunca cede piensa que tal cosa no
es posible y, por lo mismo, nunca lo hace.
El orgullo humano es contrario a la flexibilidad. Pero, al ceder
la persona descubrirá la ganancia del perder. Aunque se pierde
al ceder un poco en las posiciones personales se gana en cuanto
a armonía en el hogar.
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