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Tema para meditar
¿Si murieras hoy..?
Edgar López Bertrand*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Falleció
a causa de las graves lesiones recibidas, es el título
que encabeza un comunicado acerca de una esquiadora francesa que
chocó a alta velocidad contra un entrenador alemán.
Ambos sufrieron heridas de suma gravedad. La muy exitosa corredora
dejó de existir.
El hecho de que alguien muera no tiene en sí nada de extraordinario.
Cada día, cada hora, cada minuto, mueren muchas personas.
A veces la muerte es previsible debido a una enfermedad terminal,
otras veces se la espera por la debilidad senil, pero a veces llega
repentinamente a causa de un accidente, o producida por un delincuente,
o por un ataque terrorista. En las últimas semanas y meses
hemos tenido que observar, reiteradas veces, la velocidad con la
que una vida humana puede llegar a su fin. Pero ¿qué
es lo que queda de eso?
El comunicado de prensa acerca de la muerte de la esquiadora nos
hace reflexionar: ¿Eso es todo lo que queda? Como campeona
mundial, por octava vez contaba con mucho éxito. Los trofeos
decoraban su trayectoria de vida. A lo largo de su carrera cosechó
honor y gloria. ¿Y después? Mientras escribo estas
líneas estoy recibiendo otro mensaje: Más de
12.000 personas acudieron a su entierro. Pero ¿qué
es lo que queda de eso? ¿Flores sobre la tumba?
¡Se van a marchitar tan rápido!
Ante el entumecimiento y el vacío de estas frías noches
invernales, surge la pregunta: ¿Queda únicamente el
recuerdo? Ser cristiano significa concretamente: Vivir el presente
como si cada día fuese el último. Ninguno de nosotros
sabe cuándo llegará nuestra hora. Sin embargo, tenemos
una esperanza viva. Pero ser cristiano también significa:
Vivir en el futuro, siendo conscientes de que todas nuestras obras
han de ser reveladas en la eternidad: La obra de cada uno
se hará manifiesta; porque el día la declarará,
pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cual
sea, el fuego la probará (1 Corintios 3.13).
En la eternidad, ni el éxito, ni una trayectoria ejemplar
en el campo laboral, ni una carrera intachable, serán decisivas,
sino aquello que aún después de la muerte tiene durabilidad.
Tampoco permanecerá un cargo especial en el servicio para
Dios, o las mejores referencias. Entre las dos siguientes declaraciones
existe una gran diferencia: Ella ha obtenido ocho victorias
y A través de su testimonio de vida ocho personas han
conocido a Jesús. En el segundo caso se trata de un
fruto que se volverá a encontrar en la eternidad.
Nuestro Señor Jesús toma muy en serio esta pregunta
que nos hemos hecho. El dijo: Así que, por sus frutos
los conoceréis (San Mateo 7:20), y continúa
diciendo: Muchos me dirán en aquel día: Señor,
Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos
de mí, hacedores de maldad (San Mateo 7:22-23).
Sí, la pregunta es muy seria: ¿Qué es o que
se dirá con respecto a nuestra vida? ¿Qué es
lo que quedará?, el sólo hecho de pensar en presentarnos
con las manos vacías ante el Señor en la eternidad,
nos estremece. En ese momento ya no será posible volver atrás
el tiempo perdido. Nuestro Señor Jesús quien, por
nosotros, vino a este mundo como un niño, es el mismo Señor
ante el cual deberemos rendir cuentas en la eternidad. Por eso,
deberíamos preguntarnos seriamente qué es lo que permanecerá
en nuestra vida, qué es lo que va a permanecer por la eternidad.
Toda persona que nace es en sí un ser eterno, con dos destinos,
de los cuales tiene que decidirse por uno de ellos, mientras esté
con vida sobre la faz de este mundo, pues cuando entremos a la eternidad,
ya no hay posibilidad de decisión; muchas personas al ser
preguntadas: ¿Si usted muriera hoy, a dónde
cree que iría su alma?, tienen respuestas muy llenas
de inseguridad. Somos seres religiosos por naturaleza, pero las
religiones son las culpables de esta ignorancia: ¿Qué
hay más allá de la muerte? ¿Es la muerte el
final de todo? ¿Qué cree usted?, hemos llegado al
colmo de tratar de encontrar vida en otros planetas, pero no queremos
aceptar la realidad mostrada claramente en la Biblia, que el que
cree en Cristo vivirá eternamente, y de no ser así,
pasaremos la eternidad en un lugar de muchos tormentos, que también
las Sagradas Escrituras llaman infierno; estamos muy ocupados tratando
de alargarle la vida a la raza humana, aunque sea unos pocos años
más, y gastamos cantidades exorbitantes de dinero en investigaciones
que no lograrán evitar el envejecimiento del ser humano.
Pero hay un camino verdadero y seguro para vivir eternamente: La
fe en Cristo Jesús y su Obra Redentora en la Cruz del Calvario.
Cuando muere una persona aparece una nota cronológica en
algún periódico y con gran ignorancia, publicamos
un versículo de la Biblia, de San Juan 11:25 ...Le
dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida, el que
cree en mí aunque esté muerto vivirá
(26): Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá
eternamente. ¿Crees esto?. Hoy es su día y su
hora de decidir a dónde pasará usted la eternidad,
no todo termina en el cementerio; la eternidad o vida eterna está
en Cristo Jesús. ¡Acéptalo hoy mismo!
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