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La nota del día
Democracia
política y libre mercado
Nadie puede permanecer al margen de la lucha entre las sociedades
libres y pueblos que someten a sus ciudadanos
La liberación del comercio entre los países centroamericanos
y Estados Unidos abre un cúmulo de oportunidades a la región,
que podrá vender y competir en el mayor mercado del mundo.
Dependerá de nuestro esfuerzo, de nuestra inventiva, de la
educación que demos a nuestros hijos y de las leyes e instituciones
que nos gobiernen, la cuantía y calidad de los beneficios
que obtengamos y el progreso que logremos.
La relación de cualquier país con las grandes naciones
occidentales sólo se puede fundamentar en democracia política,
Orden de Derecho, libertad económica y seguridad jurídica.
En tal sentido no quedan justicias por inventarse, o existen alternativas
que sean compatibles con la dignidad humana. El Salvador tiene por
delante mucho camino por recorrer, pero cuenta con los elementos
esenciales para incorporarse al mundo del futuro.
Es gracias a lo que ya tenemos y a lo que hemos alcanzado en los
diez años transcurridos desde que finalizó la guerra,
que el presidente Bush nos tiende la mano y ha dado los pasos para
extender el TLC al país y a la región. Como lo venimos
repitiendo, la pelota está a este lado de la cancha y es
responsabilidad de los centroamericanos aprovechar la coyuntura.
Hay algo más. Si bien en el pasado las previas presidencias
de Estados Unidos formularon programas que ostensiblemente estaban
destinados a potenciar el desarrollo de la región, los efectos
fueron todo lo contrario. Con la Alianza para el Progreso, El Salvador
y el resto de Hispanoamérica se vieron empujados casi al
borde de un abismo de conflictos y ruina económica. Tres
lustros más tarde, el ex presidente Jimmy Carter
lanzó su política de Derechos Humanos
que fue la causa directa del ataque comunista sobre Centro-América.
Sólo la llegada de Ronald Reagan a la presidencia evitó
que El Salvador siguiera el camino de Nicaragua, pero no por ello
se aminoraron las presiones para regimentar la economía dentro
de un esquema cuasi socialista.
Es hasta ahora, con el presidente Bush, que se ha dejado atrás
la retórica perniciosa, y se presenta una opción sensata,
verdaderamente prometedora y que tiene los elementos para propiciar
el despegue económico de C.A. A diferencia de sus antecesores,
el Pdte. Bush está a favor de impulsar una economía
de mercado al sur de las fronteras de los EE.UU.
Los hispanoamericanos también hemos de beneficiarnos grandemente
de la lucha contra el terrorismo que ha emprendido el imperio. Aunque
se derrumbó la Unión Soviética, persiste la
amenaza de la red mundial del terror, cuyos tentáculos se
extienden en todas las regiones. La alianza entre castristas, chavistas
y narcoterroristas colombianos se ha visto fortalecida en los últimos
meses, y éstos continúan manteniendo nexos con las
bandas sediciosas de Irlanda, el norte de España, varios
países europeos y el Medio Oriente. El objetivo de tales
agrupaciones y regímenes no puede ser más obvio: destruir
la democracia y establecer regímenes autoritarios o abiertamente
absolutistas.
Los pueblos libres son los más prósperos
Nadie puede permanecer al margen de la lucha entre las sociedades
libres y pueblos que someten a sus ciudadanos. Y debe hacerlo, aunque
sea por conveniencia: los pueblos más prósperos y
más seguros son también los pueblos más libres.
El contraste quedó dramáticamente al desnudo cuando
se vino abajo el Muro de Berlín, exhibiendo las miserias
del bloque comunista.
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