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Una isla de muchos atractivos

En la Bahía de Jiquilisco, departamento de Usulután, se encuentra una de las islas más bellas del país: la del El Espíritu Santo, que se caracteriza por sus extensos plantíos de cocos y sus encantadoras playas.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com

El Puerto El Triunfo es el punto de partida para viajar hasta la isla del Espíritu Santo. Ahí, en su malecón, entre el bullicio de las vendedoras de pescado y el estrepitoso sonido de los motores de las lanchas, los turistas esperan ansiosos emprender el viaje hasta la paradisíaca isla.

Por cinco colones, las personas son transportadas en lanchas de motor, en las que también viajan los pobladores de las islas de los alrededores que llegan hasta el puerto a hacer sus compras.

Viaje apacible

Al iniciar del trayecto, las personas tienen la oportunidad de apreciar un santuario de viejos barcos, que otrora fueron de mucha utilidad para la pesca. Estos se hallan encallados a un lado del muelle, convertidos en “monumentos a la laboriosidad”.

A medida que la lancha se va alejando del pequeño muelle, los turistas pueden apreciar bosques de manglares, sitio de anidación o de descanso de garzas blancas.

Por las apacibles aguas es usual encontrarse con pequeños cayucos que transportan a niños, jóvenes, hombres y mujeres que se dedican a la difícil tarea de “curilear” (extracción de concha entre los manglares).

De vez en cuando se pueden encontrar barcos que transportan enormes cantidades de cocos, provenientes de las islas de la zona.

La tibia brisa que sopla en la bahía tranquiliza un poco el sofocante calor del lugar.

Cocotales por doquier

Después de una media hora de viaje se llega a la isla El Espíritu Santo. Un deteriorado muelle, una glorieta de láminas y algunos patos que pasean por las aguas dan la bienvenida a los visitantes.

Al llegar, los turistas también son recibidos por un anciano del lugar, quien, boletos en mano, se encarga de cobrar los cinco colones del viaje.

A la entrada de la isla también se encuentran algunos jóvenes bicicleteros, quienes ofrecen servicio de transporte.

Por algunas monedas, ellos conducen en triciclos especiales a las personas hasta el casco de la hacienda El Jobal (situada al lado norte de la isla).

Los turistas llegan hasta el centro de la hacienda a través de un ancho y polvoriento camino, desde el cual se pueden divisar grandes porciones de agua, utilizada para el cultivo de camarones.

Ya en la hacienda se percibe un fuerte y penetrante olor que proviene de la planta procesadora de aceite de coco.

“La mayor parte de los cocotales pertenece a la cooperativa El Jobal. Sus miembros trabajan en los rubros de agricultura, ganadería, cultivo de camarón y en la industria del coco”, expresa el señor Misael Medrano, tesorero de la cooperativa.

A un kilómetro de la hacienda se pueden encontrar a las “copreras”, mujeres que con afán extraen la llamada carne de los cocos, de donde se extrae el aceite.

Bellas playas

Además de sus extensos cocotales, la isla ofrece las playas Espíritu Santo y Macahuite. Sus apacibles aguas y los paisajes de sus alrededores las hacen diferentes de las demás.

Estas playas se encuentran a tres kilómetros y medio de la hacienda. Para llegar hasta ella hay que conducirse a pie en medio de los cocotales o por una amplia calle.

También pueden hacerlo utilizando uno de los pocos vehículos del lugar. El costo del viaje en ese automóvil es de ¢50.

La visita a la isla suele durar una mañana y parte de la tarde, ya que la última lancha parte de ella (hasta Puerto El Triunfo) a las 2:30 p.m.

La isla El Espíritu Santo es un lugar turístico y una alternativa para disfrutar en Semana Santa.
Si desea visitarla, prepárese con comida, bloqueador solar y abundante agua potable.

En ella podrá disfrutar de sol, cálida briza, tranquilas playas, mucho coco y de la hospitalidad de sus pobladores.

Mucha leche

La cooperativa El Jobal posee un hato de vacas que se ha convertido en otra de las atracciones del lugar.
Todos los días, tanto en la madrugada como en la tarde (a partir del mediodía), unas 90 vacas son ordeñadas por los señores Miguel Ángel Medina y Álvaro Ruiz.

Los turistas tienen la oportunidad de apreciar la destreza de estos dos hombres.
“La mayor parte del día, las vacas y los terneros están separados, pero al momento de ordeña los juntamos.

Al mamar la cría estimula la ‘bajada’ de la leche. Todos los animales tienen su propio nombre”, expresa don Miguel Ángel.

La leche extraída es vendida en Puerto El Triunfo.

 

 

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