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Palabras
¡Partid mi corazón escarlata!
Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En mi novela La isla de los espejos negros, escribí
entonces:Se encienden como lámparas los corazones vivos.
Christian no tiene ya la luz en sus manos. Se va, con la tarde,
como un oscuro ladrón de corazones. Yo le pido en la oscura
noche: ¡Cortad este amor tan frágil, tan tierno de
los hombres! ¡Partid en dos este corazón presuroso,
hermoso como un fruto delator! Hermoso y acechado.
Este fruto palpitante que golpeaba en el silencio, mientras Dios
dormía y no pudo ver los crímenes que se cometían
contra mi pueblo. ¡Aplastad hombres este fruto redondo y escarlata
bajo los cascos de tus corceles de guerra!
Este corazón de un mundo tierno y cruel. De la guerra y
del amor. (...) Llueve, y llover por hoy no es una novedad. Por
eso te pido que dañes este corazón parecido en alguna
forma al globo terrestre.
Día
a Día
Los enriquecimientos de funcionarios públicos se originan
en cuatro fuentes: la primera, la discrecionalidad con que cuentan
los funcionarios, para decidir asuntos y por tanto ser persuadidos;
la segunda, que se carece de entidades fiscalizadoras efectivas;
la tercera, que lo ciudadanos (y los medios de información)
no tienen acceso a los archivos y bases de datos de organismos y
ministerios; la cuarta, que esa clase de robos queda impune. O como
se ufanan los revolucionarios, lo robado, robado queda.
La disposición de que diez años después de
cometido un robo las acciones penales prescriben, cae como anillo
al dedo a los corruptos.
Por lo general durante esos diez años conservan los suficientes
conectes e influencias, como para detener una investigación.
Hubo un duartista que se largó a Venezuela durante una década,
para luego aparecer por estas tierras, cuando estaba seguro de que
nada le pasaría.
Es de imaginar que corruptos de todo tamaño, forma y color
le rezan diariamente a su santo favorito, para que nadie los denuncie
antes del plazo fatal. Hasta donde sabemos, eso no sucedió
más que una vez, sin resultados significativos.
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