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Que
viva don Coyote
No
sé ustedes, pero algunos héroes de los dibujos animados
cuyos protagonistas son animales, me resultan insoportables.
Escenarios
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Casi
nunca son brillantes, pero sí se encargan de tirar al cesto
lo que el dizque villano ha hecho de manera genial.
Para el caso, me resulta repulsivo el condenado Piolín, que
con su acento feminoide (no infantil) dice que ha visto a un lindo
gatito y lo provoca de la manera más impune. Aún sueño
con ver cuando el respetable Silvestre pueda darse el banquete con
el detestable pichón amarillo. Me sentiría satisfecho
de ver a Piolín perder una de sus aventuras... ¡por
lo menos una!
Y si Piolín me resulta desagradable, el maldito Correcaminos
(Beep Beep) me parece antipático y totalmente odioso. No
para de correr y nunca va hacia un destino determinado. Su único
papel es el de frustrar los intentos del apreciable don Coyote.
Don Coyote, en cambio, es uno de mis personajes favoritos desde
la infancia (no se crea que esta amargura es reciente) porque resume
el espíritu incansable y se vuelve un modelo de perseverancia
digna de imitar.
El bendito coyote es genial. Resulta que es un especialista en explosivos,
capaz de inventar los más rápidos cohetes, conoce
con exactitud las leyes físicas, sabe mucho sobre trampas,
es ducho en camuflajes, habilísimo para las emboscadas y,
por si fuera poco, siempre tiene una sorpresa que nos ata a la pantalla.
Me parece injusto, por lo tanto, que por defender a los personajes
debiluchos y afeminados, los libretistas no nos den un poco más
de atención a quienes preferimos a los villanos de las caricaturas.
Ahora, cabe decir que no sucede lo mismo con todos los cartoons.
Hay héroes que son lo máximo. No podemos dejar atrás
al Hombre Araña, a Ulises 31 (lo mejor que he visto en animados),
Mazinger Z, los Pitufos y los clásicos Picapiedra. En el
caso de los Pitufos, por ejemplo, el villano (Gárgamel) me
parece un perfecto loser, y su idiota gato Asrael, un
atraso total.
Algunos me considerarán anatema, pero eso no cambiará
mi antipatía por el Correcaminos, Piolín, y Jerry,
el ratoncito pendenciero que, por lo menos, sí hace algo
con argumento para desbaratar los planes del agradable Tom.
¿Habrá alguna perversa mente detrás de los
héroes? ¿Nos estarán intentando proponer a
la fuerza un estilo de vida, o una forma de comportamiento? Fantasías
animadas de ayer y hoy...
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