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Otro
punto de vista
Anillo periférico ¿para qué la consulta?
Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Nadie
duda, incluyendo las personas que carecen de vehículo, que
el Gran San Salvador necesita de nuevas vías de acceso y
salida de tránsito rápido, lo que comprende diversas
opciones, además del anillo periférico, tampoco se
duda de la necesidad urgente de un nuevo sistema de transporte colectivo,
solución única o combinada como lo serían trenes
eléctricos -sobre la superficie o bajo tierra-, tranvías,
etc., pero ello no significa tomar medidas precipitadas, inconsultas
y no aceptadas por la población. Al respecto, muy pocos olvidan
las molestias al por mayor, enfermedades respiratorias, desgaste
excesivo de vehículos, recalentamiento de motores y desperdicio
de combustible a causa de las trabazones, producto de la forma arrebatada
con que se construyeron los pasos a nivel en la ciudad capital en
la administración anterior.
El Ministerio de Obras Públicas ha presentado a la consideración
de los habitantes de la república tres opciones por donde
podrían pasar los seis carriles del anillo periférico,
como si éste fuera la solución absoluta, inamovible
e intocable. La gente en realidad esperaba opinar sobre cómo
enfrentar el problema global, mucho antes de que se iniciara el
desarrollo del proyecto del anillo periférico, que ahora
ya es una solución decidida y casi consumada.
Lo interesante para la ciudadanía y sobre todo para las personas
que podrían salir afectadas con el desarrollo y puesta en
marcha de la obra es conocer otras formas de abordar el asunto,
diferentes al anillo periférico, técnicamente viables,
que afecten menos los asentamientos humanos existentes, que respeten
los derechos de los que no tienen vehículos, con menos impacto
sobre la salud de los habitantes y sobre los recursos naturales,
con menos apariencia de brincos aislados y más
acordes con un plan maestro de desarrollo y crecimiento armónico.
Además de ser una saludable práctica democrática,
se realiza una consulta popular no sólo para que los ciudadanos
expresen sus ideas y puntos de vista, también para que se
sientan partícipes y hagan suyo el proyecto, lo defiendan
y contribuyan para que funcione en forma satisfactoria. Obviamente,
el diálogo abierto permite la salida de muchas apreciaciones
y argumentos hasta desconocidos por los técnicos y probablemente
surjan nuevas alternativas originalmente no contempladas. Debe recordarse
también, que en la consulta no sólo opinan los legos,
también técnicos y conocedores que tienen su oportunidad
para hacer aportes.
Además de la ausencia de comunicación de arriba hacia
abajo y viceversa, también ha existido en este proyecto una
falla en la comunicación colateral, como se observa en el
ejemplo siguiente. En una reciente reunión entre los jefes
edilicios de los municipios que integran el Gran San Salvador, éstos
adujeron que al menos se les permitiera conocer un poco más
sobre el proyecto para estar en condiciones de emitir una opinión.
¡Es decir, desconocían los planes de alto tan trascendente
que iba a ocurrir precisamente en sus propios municipios!
Si los planes del anillo periférico se mantienen contra viento
y marea, como suele suceder con los proyectos arrebatados y de última
hora (¿por qué no se propuso hace siete u ocho años
y tiene que ser hasta ahora?), debe pensarse seriamente desde ya,
cómo se van a solventar los problemas que están a
la vuelta de la esquina: Antes que todo conseguir el dinero para
levantar la obra en estos dorados tiempos (sólo el primer
tramo de 8 kilómetros de Soyapango a San Marcos costará
62.7 millones de colones). Las expectativas económicas de
los propietarios de inmuebles que saldrán afectados, a quienes
habrá que pagarles al menos lo justo, finalmente, la situación
de efervescencia social que generen los ciudadanos que no deseen
moverse de sus viviendas y propiedades (ya se habla de 495 familias
únicamente para el periférico oriente).
* Dr. en Medicina.
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