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Diccionario
cándido
Rolando Monterrosa.
Hay
palabras y palabrejas que van por ahí, de boca en boca, especialmente
en la de los políticos, cuyos significados y connotaciones
han terminado por confundir a la ciudadania.
Uno sólo puede aspirar a comprenderlos por la vía
de la intuición, gracia que disfrutan en mayor medida los
niños y los adultos cándidos, es decir, aquellos sin
malicia ni doblez.
Entre los novedosos vocablos de frecuente uso en la Asamblea y
círculos afines se hallan los siguentes:
Concertar: Verbo aplicado al efecto de armonía que se quiere
lograr entre cosas y personas dispares, tal como se hace música
mediante el acuerdo de sonidos ejecutados por diferentes instrumentos.
Díce-se también de la concertación
que la ortodoxia comunista exige a otros sectores, pero que es incapaz
de alcanzar con sus congéneres renovadores. Sólo ha
tenido éxito con el PCN al concertar quién se queda
con la Fiscalía y quién con la Corte de Cuentas.
Consensuar: Término que se aplica a todo propósito
o actitud complaciente de una parte con respecto a otra para llegar
a un entendimiento. Con-senso ejemplar fue el logrado por las ninfas
impúdicas, Leda y Europa entre otras, con el dios de dioses
que, para poseerlas, tomó formas de cisne, toro y lluvia
de oro.
Esta última manera de consensuar es la preferida por políticos
verdes y azules, para rendir sus favores.
El vocablo pone en evidencia la calidad casi obscena del consenso
político, ya que connota sensualidad y otras prácticas
pecaminosas para lograr acuerdos non sanctos, también
llamados contubernios.
Consenso judicial: Sue-ño dorado de abogados de la nueva
ola, según el cual, los códigos penal y procesal penal
tendrían que emanar de la voluntad consensuada de magistrados,
jueces, delincuentes y víctimas de estos.
Consenso: Unidad absoluta e inobjetable de criterios que se espera
alcancen los integrantes de un foro de lobos y ovejas, acerca de
la conveniencia de comer sólo carne o sólo pasto.
Acuerdo que se lograría entre ludópatas, dueños
de casinos, tratantes de blancas, clientes de prostíbulos,
drogadictos y narcotraficantes con gobiernos, diputados y alcaldes,
para legalizar establecimientos en los que se dispensan aquellos
servicios, toda vez que estos sean administrados por gente honrada.
Recular: verbo de escasa elegancia, pero de elocuente significado,
cuando lo conjugan presidentes y ministros de gobernación
que luego de mantener una firme posición moral y cívica
de cara al pueblo, de pronto descubren que es válido echarse
pa-trás, cuando se trata de diferenciar entre chiviaderas
administradas por gente mala y chiviaderas administradas por gente
buena.
De este verbo deriva el aumentativo reculón,
que pese a los malpensados, sólo da idea de una reculada
mayor, como la de algunos diputados de ARENA, también en
eso de los casinos.
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