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La
izquierda en nuestro país
Una
estrella que se apaga
Marvin Galeas
marvin@telemovil.com
El
mejor abono para que florezcan los fanatismos incendiarios son los
malos gobiernos. Malo es el gobierno dictatorial que se mancha de
sangre de los opositores. El gobierno corrupto, máquina que
produce nuevos ricos, mientras la gente vive en la extrema pobreza.
El gobierno inepto concentrado en administrar la burocracia y ajeno
a las necesidades reales de una nación. No se puede negar
que en el pasado reciente el país padeció de gobiernos
que combinaron todos esos defectos con especial inspiración.
Por más ruidosa y persuasiva que hubiese sido la propaganda
del comunismo internacional, no hubiese tenido mayor efecto si nuestro
país hubiese sido un país democrático y respetuoso
del orden de derecho. Allí está el ejemplo de Costa
Rica. Mientras las opciones violentas seducían a las
masas en los países vecinos avasallados por el gendarmerío,
en Costa Rica, los comunistas, completamente legales, nunca pasaron
de tener más de tres escaños en el parlamento.
Mientras en Managua, Guatemala y San Salvador, los guardias metían
preso al que leyera literatura roja (incluyendo a Neruda), en San
José la embajada de la URSS invitaba, con bastante frecuencia
por cierto, a elegantes recepciones diplomáticas.
Y la verdad es que yo no he conocido pueblo más anticomunista
que el tico. En Nicaragua y El Salvador los partidos de izquierda
son la segunda fuerza política. Son lodos de aquellos polvos.
Así como fue de fuerte el estado autoritario y abusivo,
así fue el tamaño de la oposición radical que
engendraron. Y no sólo es cosa del pasado. En la actualidad
un país tan rico y con tanta potencialidad como Venezuela
ha caído en las manos de un delirante coronel populista que
se cree una mezcla de Bolívar y Castro.
Argentina, que tenía hace unas décadas, una silla
reservada en el exclusivo club del primer mundo, se debate ahora
en una crisis económica de dimensiones haitianas. ¿Quiénes
fueron los culpables en estos dos últimos casos? ¿El
neoliberalismo y la globalización, como suelen repetir esas
pobres mentes con doctorados y maestrías?. Los responsables
de lo que ocurre en Venezuela y Argentina son los que hicieron de
la administración del gobierno la manera más rápida
para hacer fortuna y sostener barraganas de pelo teñido.
En El Salvador la negra noche del autoritarismo y de los escuadrones
de la muerte terminó. Se acabaron las cárceles clandestinas.
Cualquiera puede leer el libro que le venga en gana y decir lo que
quiera decir sin que eso lo vuelva en un enemigo del estado.
Las elecciones son limpias y transparentes (hablo de las elecciones
generales, claro). Si la oposición no ha ganado últimamente,
no es por fraude, sino porque no ha conquistado los suficientes
votos para ganar. Con todo y sus defectos contamos con una de las
mejores instituciones policiales de América Latina. Es decir,
aunque algunos todavía no lo sepan vivimos en democracia.
Es cierto que la situación económica del país
es delicada. Que las oportunidades de empleo escasean y que millares
viven en la miseria. ¿Pero es que acaso el bienestar económico
se logró alguna vez con retóricas incendiarias como
la del comandante Chávez? O peor aún ¿fomentando
el desorden callejero y el irrespeto a la institucionalidad? La
única manera de generar prosperidad, es elevando la productividad,
atrayendo la inversión extranjera, estimulando al máximo
la actividad empresarial que genera empleo. Es decir abriendo más
nuestra economía.
Al arribar el país a una era democrática, el caldo
de cultivo para las utopías y los radicalismos desaforados,
se ha secado. No hay dictadura contra la cual haya que luchar con
heroísmo. No hay presos políticos por los que haya
que intercerder. No hay necesidad de manchar paredes para expresar
ideas. No hay necesidad de locales clandestinos ni espacio para
la cautivante conspiración. Se acabó.
La izquierda se desfasó. Algunos tratan de inventarse los
monstruos para justificar a los caballeros andantes. Y todavía
suenan cada vez más melancólicos y sin sentido los
estribillos de la guerra fría.. Denunciamos los niveles
de represión, llamamos al pueblo a organizarse
y luchar... Sólo que ahora la lucha no es contra la
capucha sino contra un anillo periférico, los antiguos camaradas
y un eventual TLC.
Resultado del desfase histórico: una izquierda sumida en
su peor crisis interna, sin propuestas, crispada, solemne, enlodada
en el mismo charco del fraude electoral contra el que históricamente
peleó. Una estrella que se apaga.
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