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Rizos
y enrredos de juventud
Cristianos
o verdugos
Por Kenneth Menjívar
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Los cristianos de hoy en día tenemos mucha similitud con
los fariseos que vivían en los tiempos de Jesús. Los
fariseos eran conocedores, de memoria, de todas las leyes del Antiguo
Testamento, pero no las ponían en práctica.
No les bastaba todos los mandamientos que se encontraban en el
tercer libro de la Biblia (Levítico), sino que habían
aumentado la lista con muchos más que rayaban en lo ridículo.
La literatura bíblica narra que Jesús fue invitado
a la casa de un fariseo a comer. Jesús no se lavó
las manos y todos los fariseos allí presentes se escandalizaron
de que no lo hiciera, pues esa era una de las tantas reglas humanas
que ellos habían inventado.
Jesús, conociendo los pensamientos de su corazón,
les llamo hipócritas, pues ponían demasiado énfasis
en sus leyes, tradiciones, reglas, normas, etc. y no en las necesidades
de las personas.
En la actualidad, al igual que los fariseos, los cristianos hemos
inventado demasiadas leyes -que no aparecen en la Biblia- las cuales
queremos imponer sobre medio mundo: No irás al cine, no irás
a la playa, no usarás cierta ropa, no jugarás cartas,
no manejarás carros lujosos, no te depilarás las piernas,
no oirás cierta música, no te maquillarás,
no usarás pelo largo, y otras más que hacen reir.
Parece ser, que nunca hemos leído la Biblia, o no la hemos
entendido.
Gracia: dádiva de Jesús
Uno de los evangelios afirma: De la plenitud de Jesús
todos hemos recibido gracia sobre gracia, pues la ley fue dada por
medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han
llegado por medio de Jesucristo. (Juan 1:16-17)
Si leemos bien la cita anterior y la entendemos como cualquier niño
de prepa, indudablemente llegaremos a la conclusión
de que ¡Jesús no vino a dar leyes, sino gracia! Entonces,
¿Por qué damos leyes y no gracia? Nuevamente me pregunto
si alguna vez habremos leído la Biblia.
¿Acaso no sabemos que la ley no puede dar vida? (Romanos
7)
¿No sabemos que la ley sólo aumenta nuestra culpa
y vergüenza al hacernos concientes de nuestro pecado pero no
puede darnos poder para vencerlo? (Gálatas 3; Romanos 7).
Como por ejemplo, cuando aparece la señal de no tocar,
pintura fresca y somos los primeros en tocarlo. No me mal
interpreten, porque la ley (que aparece en el Antiguo
Testamento) es buena, si se usa legítimamente como el apóstol
Pablo afirmaba; sin embargo, lo que más necesita la gente
a nuestro alrededor es gracia, no leyes.
Gracia es que nos den algo que no merecemos ni hemos ganado. Fue
lo que el ladrón--que estaba siendo crucificado a la par
de Jesús-- recibió al pedir que se acordara de él
en su Reino. Fue lo que la adultera recibió cuando estaba
a punto de ser apedreada por los fariseos verdugos. Fue lo que nosotros
recibimos cuando estábamos muertos espiritualmente. ¿Por
qué no le damos eso a todos los salvadoreños?
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