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La
realidad en nuestro país
Imitamos
mucho y generamos poco
Rafael Rodríguez Loucel*
e-mail: rloucel@utec.edu.sv
Los
TLC y la globalización no son invento nuestro, tenemos que
caminar con ellos y obtener de ellos el mayor provecho posible.
Seamos responsables esta vez.
Pertenecemos a los descubiertos por una sociedad relativamente
menos desarrollada del Viejo Continente, un capítulo reciente
de la historia del mundo, de orígenes menos conocidos, dependientes
por naturaleza, sin identificación propia, poco innovadores
y grandes imitadores. Compramos mucho, vendemos poco, adoptamos
lo que vemos o adaptamos sin agregar valor a lo que hacemos.
Nuestra corta edad de un poco más de cinco siglos, comparada
con civilizaciones de mucho más de veinte, nos genera un
abismo generacional que nos limita por naturaleza nuestra capacidad
de aprendizaje y de desarrollo.
A los límites históricos anteriores se agrega una
estrechez territorial, niveles paupérrimos de educación
de la mayoría y una mentalidad tropical que nos identifica
como lentos en la asimilación de lo positivo; tardíos
en iniciativa, inventiva, atrevimiento y socialmente inteligentes
para imitar la moda en los hábitos de consumo y en la forma
de decir expresiones corrientes en un idioma diferente al nuestro.
Los avances en materia de comunicación tales como el Internet,
cable y otras facilidades de transmisión de lenguaje e imagen
han propiciado la adopción de expresiones en la gente joven
tales como: yes, okay, approach,
get together, dame un ride, la troca,
dame un scotch strike. También en materia de
modas los caballeritos usan pantalones Comando y las mujercitas
Campana, ropa de marca como Polo, Lacoste, Tommy, Náutica,
Levis, Guess, Oscar de La Renta, Saint Laurent, Georgio Armani,
Gap, etc. En Diarrea Shopping las damas con poder adquisitivo
adquieren ropa y otros productos no fabricados en el país
y derrochan las divisas recibidas por la venta de unos pocos productos
que el país puede exportar, por créditos recibidos
del exterior y por las benditas remesas familiares.
Es usual escuchar con mucho orgullo y con sentido de caché
los compré en Burdines, Macys, Anne Taylor.
De igual manera los caballeros hablan de Mercedes Benz, BMW, Land
Cruiser, Lexus, etc.
En pocas palabras es una sociedad que consume e importa muchos hábitos
y productos y es poco productiva internamente, vende al exterior
relativamente poco y un significativo porcentaje de su población
económicamente activa tiene que laborar en el exterior por
la insuficiente falta de oportunidades de trabajo en el país.
La mano de obra tuvo, a mediados del siglo pasado, fama de ser productiva.
Siendo nobles y patriotas todavía la tiene, sobre todo Estados
Unidos, país al cual se marchó lo mejorcito. Sin embargo,
a pesar de no ser tan creativos e innovadores para superar el subdesarrollo,
somos buzos para aprender hábitos no muy edificantes.
En el consumo sofisticado de drogas y de maneras ingeniosas de generar
violencia y toda clase de delincuencia, que se observa en las pantallas
de cine y televisión, estamos al día; se puede ver
en vivo en las calles iluminadas o no del país.
Valga la comparación: fabricamos camioncitos de madera e
importamos carritos a control remoto, se nos dificulta crear, innovar
y producir bienes y servicios diferentes y competitivos, pero se
nos facilita consumir lo más sofisticado que la globalización,
la internacionalización y el eficaz marketing
nos sugieren. Esos que no saben o no entienden el significado de
la dependencia extrema de otras economías, de los compromisos
que conlleva el inevitable pago del servicio de la deuda externa
con limitada capacidad de generación de divisas y las dificultades
futuras de una revisión estricta de las leyes migratorias
en EE.UU., podrán exclamar: Viva el libre comercio,
viva la apertura de las economías, viva la globalización.
¡Perdónalos, no saben lo que dicen!
Soluciones para el corto plazo, que no sea seguir actuando en forma
improvisada, siempre las habrá. Quienes están conscientes
de los problemas estructurales de este país y ocupan posiciones
estratégicas de toma de decisiones, deberían empezar
por apostarle a la educación como una receta garantizada
de desarrollo futuro.
Tratados de Libre Comercio (TLC) se han firmado y otros están
por firmarse, seremos importadores netos por un buen tiempo, receptores
netos de inversión si creamos la infraestructura física
y humana adecuada, así como un ambiente de seguridad jurídica
y ciudadana. Henry George señala: Los hombres de diferentes
naciones comercian entre sí por la misma razón que
los hombres de un solo pueblo; porque lo encuentran provechoso,
porque así obtienen lo que necesitan con menos trabajo del
que, de otro modo, les costaría. Los TLC y la globalización
no son invento nuestro, tenemos que caminar con ellos y obtener
de ellos el mayor provecho posible. Seamos responsables esta vez.
Empecemos a prepararnos. Nunca es tarde para empezar a cambiar.
*Economista y columnista
de El Diario de Hoy.
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