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La nota del día
¿Cómo
no íbamos a ser muy pobres?
Los países más pobres son los que adoptaron un
sistema socialista, o peor todavía, los que cayeron en el
comunismo
Con el alcalde Héctor Silva compartimos la misma aflicción
a causa de la pobreza que abate a tantos salvadoreños. Hay
mucho desempleo, no dan abasto los servicios públicos, un
alto porcentaje de familias tiene ingresos muy por debajo de lo
que todos quisiéramos.
Esta pobreza, lo señalamos ayer, es la nefasta herencia de
los doce años de guerra y del desgobierno y las truculencias
del régimen duartista. Los unos -la guerrilla enloquecida-
se dieron a la tarea de destruir una buena parte de la estructura
productiva del país, además de ahuyentar un alto porcentaje
de las empresas extranjeras que se habían asentado en nuestro
suelo. Los otros, Duarte y sus secuaces, arruinaron la agricultura,
saquearon el sistema financiero, corrompieron las instituciones
y a causa del desastre general, forzaron a cerca de dos millones
de salvadoreños a emigrar al exterior. De gran significado
es que entre los salvadoreños de ese éxodo estaba
un alto porcentaje de nuestros mejores artesanos, técnicos,
profesionales y productores.
¿Cómo no seremos pobres, si reconstruir puentes, sistemas
eléctricos, estaciones de bombeo de agua, beneficios, fincas
e instalaciones diversas, ha absorbido mucho de nuestro ingreso
durante tantos años? Algunas de las mejores obras con que
contábamos se perdieron para siempre, como los dos majestuosos
puentes sobre el río Lempa. Otros, como los hatos ganaderos
ametrallados por la guerrilla, no se volvieron a reconstituir y
afectaron el abastecimiento de carne y leche para la población.
Pero más que esas pérdidas materiales, debemos contar
la emigración de gente capaz y emprendedora, como el golpe
mortal que se dio a la confianza en el país y a la institucionalidad.
Creemos que al Alcalde todo eso le duele tanto como a nosotros.
Si hay que ver hacia adelante y olvidar las amarguras del pasado,
el problema al que debemos abocarnos es lograr el desarrollo de
El Salvador y con ello mejorar la situación de los pobres.
En este punto, citaremos un viejo proverbio: no hay que inventar
la pólvora, pues ya la inventaron los chinos hace tres mil
años. Y en el tema del desarrollo, aprendamos de los países
exitosos.
Aprendamos de Venezuela y de China
La primera lección es que las naciones más prósperas
del mundo son las capitalistas, las que se rigen bajo un esquema
de mercado libre. A la inversa, los países más pobres
son los que adoptaron un sistema socialista, o peor todavía,
los que cayeron en el comunismo. Nadie puede ignorar la triste situación
que impera en Cuba, en Corea del Norte, en los países africanos
socialistas. Si en Cuba un profesional gana de promedio al mes entre
veinte y cuarenta dólares, ese modelo se tiene que descartar,
pese a las otras conquistas que se nos dice han conseguido. El otro
ejemplo de una economía en vías de subdesarrollo es
la venezolana, arruinada por Hugo Chávez.
En contraste, allí esta el caso de la ex China roja: sólo
cuando adoptó un sistema capitalista, de mercado, es que
se inició su crecimiento, el que le ha llevado a convertirse
en la segunda potencia económica del mundo. Por muy similares
experiencias están pasando las naciones que antes eran miembros
del bloque socialista: con el libre mercado se están reconstruyendo
de la devastación anterior, los efectos del comunismo. Además,
aspiran a formar parte de la Comunidad Europea, la que tiene de
todo, menos de socialista.
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