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Padrinos
de amor y de caridad
La
Fundación Cristiana para Niños y Ancianos, con sede
en los Estados Unidos, funciona en nuestro país desde hace
14 años. Durante este tiempo se ha encargado de buscar y
proporcionar padrinos a más de 10,000 niños y ancianos
salvadoreños.
José Osmín Monge
El Diario de Hoy
FOTOS EDH/LIZETTE MORENO
El sábado dos de febrero, en las instalaciones del hogar
para ancianos San José, en el municipio de La Reina, Chalatenango,
doña Juanita Pineda, de 69 años, se reunió
por primera vez con su madrina, la enfermera norteamericana Diana
Wiggins, de 55 años.
Ambas habían estado en comunicación desde el día
en el que la Fundación Cristiana para Niños y Ancianos
las unió a través de su programa de apadrinamiento.
Aunque doña Juanita no es interna del hogar, sino que vive
en las cercanía de él, las religiosas encargadas del
lugar le otorgaron el permiso para que el encuentro se llevara a
cabo en el asilo.
Ahí entre abrazos, besos y lágrimas, las dos mujeres
se reunieron y compartieron la alegría de verse por primera
vez.
Pero la señora Pineda no asistió sola al encuentro.
Ese día se hizo acompañar de cinco nietos, quienes
lucían sus mejores ropas. Los pequeños abrazaban y
besaban a doña Diana como muestra de agradecimiento por la
ayuda que le proporciona cada mes a suabuela.
Después de charlar durante un rato (pues la señora
Wiggins habla un poco español) partieron juntas hasta la
vivienda de los niños, donde las muestras de cariño
y de afecto estuvieron presentes en todo momento.
Para mí es un privilegio poder ayudar a Juanita. Mi
corazón está lleno de alegría al verla a ella
y a los niños, comentó la señora Wiggins
Por su parte, doña Juana dijo sentirse feliz al estar cerca
de la persona que le ha ayudado en los últimos meses.
Le pido a Dios que me la cuide (a Diana). Le tengo mucho cariño,
decía doña Juanita.
Ayuda lejana
Doña Juanita es uno de los diez mil salvadoreños beneficiados
con el programa de apadrinamiento que lleva a cabo la Fundación
Cristiana para Niños y Ancianos, cuyas oficinas administrativas
(a nivel nacional) se encuentran en Santa Ana.
Esta es una organización laica católica que crea relaciones
entre padrinos de los Estados Unidos, Canadá, España
y Puerto Rico, y niños y ancianos de 25 países en
vía de desarrollo.
A través del apadrinamiento, muchas personas de esos países
tienen la oportunidad de comunicarse con un niño o un anciano
necesitado y ayudarle mensualmente con una cantidad de dinero, que
invierten en educación, alimentación, educación
y salud.
La forma de operar de esta fundación en El Salvador es sencilla:
misioneros que viven en comunidades de nuestro país proporcionan
a la entidad un listado con los nombres y otros datos de los adultos
mayores y niños necesitados; posteriormente la organización
se encarga de buscar padrinos en el extranjero, que son los que
en forma voluntaria ayudan a la gente inscrita.
En El Salvador existen 60 lugares donde se realiza este programa.
La fundación trabaja en coordinación con iglesias
católicas, hogares para niños, comunidades religiosas
y albergues para ancianos, expresa el señor Henry Flores,
coordinador general de la fundación en nuestro país.
Lazos de amistad
Según el señor Flores, los padrinos y los ahijados
tienen una comunicación cada mes a través de cartas
y de tarjetas postales.
La fundación se preocupa por crear lazos de amistad;
no queremos que sólo sea ayuda monetaria. También
se encarga de hacer llegar la ayuda a las personas beneficiadas,
comenta el señor Flores.
La cuota enviada por los padrinos es variable. La mayoría
de ellos ayuda con $20 mensuales. El dinero es entregado por misioneros
que colaboran con la entidad.
Además de niños y ancianos también se les busca
padrinos y madrinas a jóvenes que reciben formación
religiosa (seminaristas y aspirantes a monjas).
Con la ayuda que proporcionan los benefactores hacen felices a muchos
niños, niñas y ancianos pobres.
Un poco de historia
La familia de la Fundación Cristiana para Niños y
Ancianos incluye más de 125,000 padrinos, cientos de misioneros,
una oficina en Kansas City, personal y voluntarios sirviendo a más
de 150,000 niños y ancianos pobres en las misiones cristianas
en todo el mundo.
Esta organización se inició en 1981 a través
del liderazgo de los hermanos Him, Bud y Bod Hentzen, y su amigo
Jerry Tolle.
Tanto Bob como Jerry habían sido misioneros en América
Central y Sur América por muchos años, y cuando regresaron
a los Estados Unidos llevaron consigo el deseo de continuar ayudando
a la gente que sirvieron.
Desde el principio, decidieron que el apadrinamiento era la oportunidad
perfecta, no sólo para proveer ayuda a los pobres, sino también
para permitir que los más necesitados compartieran sus dones
con otras personas.
Bob y Jerry enfatizaron que la evangelización era una
calle de doble vía y esperaban que otras personas compartieran
sus recursos y abrieran sus corazones a la espiritualidad de los
pobres.
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