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Sin
consuelo en San ramón
Los
sismos derrumbaron miles de viviendas. En el interior del país,
aunque la gente trata de sobreponerse al recuerdo de los fallecidos,
su rostro luce triste y sin esperanza.
Susana Joma
El Diario de Hoy
El
ambiente es desalentador. La gente de San Ramón, municipio
de Cuscatlán, y la de Verapaz y Jerusalén, en San
Vicente, no ha podido borrar de sus mentes los terremotos que devastaron
sus pueblos.
¿Cómo olvidar? El calor es extremo como aquel 13 de
febrero. En las cuadras de los tres pueblos predominan las viviendas
improvisadas de lámina y plástico.
Sólo hay un 30 por ciento de viviendas de estructura formal,
prefabricadas o de concreto, construidas con ayuda de organismos
internacionales que, en su momento, llegaron a la zona.
Poco avance
Aquí el gobierno no ha puesto ni cinco centavos para
la reconstrucción, dijo con tono agrio un residente
de Verapaz, tras quejarse de que los proyectos de vivienda que se
impulsaron ahí no han favorecido a la mayoría de personas
pobres. La misma queja se escuchó en otros municipios también
afectados por el sismo de febrero como Santa Cruz Analquito, de
Cuscatlán.
Muchos pobladores han sido excluidos de los beneficios de una vivienda
porque no han cumplido los procesos de legalización de sus
tierras. Eso los ha desmoralizado porque, según explican,
ellos no tienen dinero para hacer esos trámites.
En San Ramón, un municipio con unos ocho mil 400 habitantes,
la gente ora ante la patrona del pueblo, la Virgen de Los Remedios,
para que vele por el alma de sus muertos y bendiga la vida de los
que quedaron.
Otros, los más temerosos, alzan su vista al cielo para pedirle
que el volcán Chichontepec no vaya a darles una mala sorpresa.
Ahí, los niños del Complejo Educativo Rafael Cabrera
aún siguen al filo del peligro, ya que las paredes de varias
aulas están dañadas, al igual que el sistema de cañerías.
Los maestros afirman que los daños de la escuela no fueron
evaluados correctamente, por lo cual la ayuda que Educación
les hizo llegar no fue la pertinente.
Mientras, los niños del Centro Escolar Norberto Marroquín,Verapaz,
siguen recibiendo clases en medio del calor de las aulas provisionales.
Su nueva infraestructura educativa está en proceso de construcción
y los docentes esperan que esté concluida antes del invierno.
Esa petición también se suma a la de mobiliario y
libros de texto de la Colección Cipotes.
Los que corren con un poquito más de suerte son los estudiantes
de bachillerato del municipio de Jerusalén, pues dentro de
una semana estrenarán el nuevo edificio del instituto.
Problemas de salud
Las enfermedades respiratorias y gastrointestinales siguen encabezando
la lista de las enfermedades que afectan a los niños de esas
tres poblaciones.
Eso no es extraño. Por ejemplo, en Verapaz, se quejan de
que la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados
(ANDA) todavía no ha reparado algunas de las tuberías
que se dañaron, a pesar de que lo han reportado con insistencia.
Ahí, algunas calles todavía tienen ripio y otras hay
aguas residuales estancadas.
Por hoy, las poblaciones tienen unidades de salud y, según
se conoció, la de Jerusalén está desarrollando
campañas contra el dengue en la zona urbana y rural del municipio.
Durante un recorrido por las localidades se detectó que en
San Ramón hay un muro que representa un peligro.
Por la tarde, cuando venía entrando al pueblo, miraba
como se veían los techos de teja a la luz de los últimos
rayos del sol. En su lugar hoy sólo se ven láminas
y mucho polvo por doquier, aseguró el profesor Santos
Fidel Barahona, del Centro Escolar Norberto Marroquín, de
Verapaz.
Santos, quien es oriundo de Verapaz, sostiene que, con lo lento
que va la reconstrucción en el área rural, es probable
que transcurran 10 años y los pueblos de la zona no se hayan
recuperado.
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