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Internos se rehabilitan gracias a la religión
Las once iglesias de Mariona

Con el apoyo de la administración del penal, las iglesias involucradas y la voluntad de los reclusos, el proceso de reinserción en la sociedad es posiblel.

Lya Ayala
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

“Séptimo día”Entre 100 y 150 internos asisten a los cultos de la mañana y la tarde. La congregación les brinda consejo espiritual y apoyo para desarrollar actividades recreativas. Foto EDH

“Aun en la penitenciaría no todo está perdido”, confiesa Luis Alfredo Ponce Hernández, entre los cánticos entonados por cien hombres que asisten a una reunión de la iglesia “Roca de Salvación”, una de las once iglesias que trabajan con los reos en el Centro Penal “La Esperanza”, conocido como Mariona.

Cada una de las iglesias parece estar suspendida en el espacio. Tienen todos los elementos indispensables: una habitación limpia y ventilada, un piano, un púlpito, un equipo de sonido... y la fe. Unos se hincan a orar absortos; otros, de pie, alzan sus manos al cielo y lloran.

“En este lugar, el evangelio ha hecho un efecto positivo. Tengo tres años y medio de ser cristiano y adentro de esta penitenciaría he hallado lo mejor”, comenta Luis.

Deberá pasar trece años más en Mariona, pero el tiempo no ha pasado en vano. El viernes se graduó de bachiller y ya es un artesano que sabe moldear el yute.

Enseñanza

El pastor Raúl Murcia, del Tabernáculo Bíblico, asegura que si no hay cambio espiritual, nada funciona en la vida de una persona.

“La mayoría de reclusos lo primero que piensa es en solucionar todos los asuntos con violencia. Las personas que están en las iglesias ya no lo miran de esa manera: hay un cambio de fondo y de forma. El sistema penitenciario, casi siempre, cambia a la gente de forma”.

El subdirector del penal “La Esperanza”, coronel Reynaldo Díaz, explica que el espíritu de la ley penitenciaria es resocializante y, por ello, le apuesta a la rehabilitación del interno. “Los programas de desarrollo humano son un componente esencial y, dentro de él, el aspecto religioso es el inicio de un cambio de vida para los reos”, reitera.

Díaz asegura que están plenamente convencidos de que cuando el interno asiste a una iglesia, comienza a experimentar cambios. Especialmente porque escucha ideales. “Al tener ideales, comienzan a pensar en las metas concretas de su vida”.

El subdirector llama a este fenómeno el “espíritu transdenominacional”, que permite el trabajo conjunto de todas las denominaciones religiosas.

Un ejemplo es que en una iglesia funcionan de común acuerdo dos o tres denominaciones distinta.
Keyna Torres, comunicadora de la institución, asegura que el proceso ha sido largo. Desde 1995, cuando los grados de violencia en el penal eran graves y constantes, decidieron, con el apoyo de 95 internos, realizar actividades terapéuticas. Una de ellas fue la concentración religiosa en el penal.

“A partir de ese momento vimos una disminución clara de la violencia. El 95% de la población reclusa de entonces participó en las actividades recreativas y religiosas”, explica Torres.
Todo ha sido decisión de los reclusos. Ese es el éxito de la existencia de las iglesias en el penal: la tolerancia, que les ha permitido recuperar la autoestima.
Y, sobre todo, la oportunidad de aprender y desarrollar los valores que la religión fomenta.

 

 

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