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Analizando
LA PARTICIPACIÓN DE LA JUVENTUD EN LOS PARTIDOS

Marcial Vela Ramos*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Con la juventud se vinculan nuevas espe-ranzas, dada su capacidad para elaborar un pensamiento y accionar diferentes

La conciencia política es una característica que se desarrolla en la inserción del ser humano en su alrededor y en el ambiente social. El interés y participación en la vida pública, en la sociedad salvadoreña, dependen de en qué medida la sociedad misma está dispuesta a transformar a sus ciudadanos en miembros activos de la comunidad, y qué tanto es capaz de lograr ese objetivo. El hombre político no nace, se forma. Un aspecto básico en el desempeño de los gobiernos es la participación ciudadana.

En el caso de nuestro país, las condiciones a favor de la participación son muy escasas, por lo tanto, hacen falta muchas luchas y movilizaciones que orienten la recuperación de los derechos políticos del ciudadano. La vigilancia sobre el gobierno y otras instituciones públicas, y los modos para democratizarlos son testimonios de que la acción ciudadana necesita respuestas abiertas y plurales y, no mordazas que hagan retroceder la rendición de cuentas.

El despertar de la juventud debe ser innegable y la piedra de toque para democratizar el poder y plantear las reformas, que son indispensables para transformar determinadas condiciones de vida. La participación de la juventud es asunto crucial en los derroteros de la vida contemporánea. Más allá de su importancia política, se vincula con las formas que la sociedad y el gobierno articulan para ajustar sus procesos, políticas y programas públicos.

Situada en la complejidad de la estabilidad política, la juventud salvadoreña es parte activa y determinante en las estructuras de poder. En este sentido, es una fuerza organizada que ocupa un lugar en los tiempos, instituciones y contextos que integran el mundo de las decisiones públicas y las acciones que denotan el juego complejo del poder.

En El Salvador, la participación de la juventud no ha cobrado espacios y protagonismo para darle vida a la sociedad democrática. Los partidos políticos deben facilitar y no obstaculizar la integración de la juventud en la vida pública. Un problema específico, en este sentido, es la incapacidad de los partidos para comunicarse e integrar el segmento poblacional de la juventud, si se considera insatisfactoria la participación de algunos pocos funcionarios jóvenes en las fracciones partidarias que con su actuación difunden entre sus compañeros la imagen de utilizar a los partidos más bien para fines particulares y no como medio para servir a la comunidad.

Hasta la fecha, no existe explicación alguna al fenómeno de la generalizada abstinencia política de los jóvenes salvadoreños, quienes en un 60% no acudieron a las urnas en los últimos comicios electorales. Existen dudas acerca de si los partidos políticos quieren captar nuevos afiliados, especialmente en la línea de los jóvenes. Parece que el voto interesa más que la participación. Votar es sólo una forma de participación y posiblemente no la más importante, más aún cuando faltan propuestas y alternativas como base imprescindible de cualquier proceso de selección.

El sistema político salvadoreño vive un momento de creciente incapacidad para satisfacer las demandas y expectativas ciudadanas. Hay una explosión de desencantos y descontentos generalizados en todo el cuerpo político–social de El Salvador, que los medios de información y comunicación de masas potencian con gran celeridad, mientras que las contradicciones del sistema político se acentúan, sin que las fuerzas organizadas que lo conforman acierten a construir cauces sólidos, que no sólo encaren los conflictos, sino que les den una salida productiva de largo alcance.

Con la juventud se vinculan nuevas esperanzas, dada su capacidad para elaborar un pensamiento y accionar diferentes. La universidad de la vida va moldeando ese pensamiento diferente con cierta cantidad de experiencia menor, pero que desarrolla nuevas ideas. Para los partidos políticos, es un desperdicio no aprovechar ese potencial innovador, y su enorme ventaja es no estar atrapado por “las malas costumbres”.

Incorporar a la política personas con virtudes formadas y consolidadas, con mayor sensibilidad social respecto a cuestiones de moral pública y una conducta en el ámbito de normas éticas, parece ser una necesidad en nuestro país, de cara a los desafíos a la transición democrática. En otros términos, lo razonable es que la participación de la juventud sea entendida en el mundo de las demandas en competencia, los conflictos de interés, los derechos adquiridos y las responsabilidades a cumplir.

Una sociedad como la nuestra, que quiere preservar lo ganado con tanto sacrificio como un bien común, debe insertar a los jóvenes en su vida política. Sin embargo, parece correcto opinar que la incapacidad de los partidos políticos de presentarse con líderes aceptables desalienta la motivación. La abstinencia política no es la causa del ausentismo de los ciudadanos en los partidos políticos sino, en buena parte, el efecto de la mala reputación de los mismos.
*Cnel. ® y licenciado en Ciencias Políticas.

 

 

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