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Se necesita formación
Criterio amplio

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.co

Urge que todos entendamos que la madurez supone saber obedecer a leyes, disciplinas y reglamentos, ya que la libertad no es el derecho a probar todas las opciones, sino la capacidad de elegir nuestros propios vínculos y poner nuestras propias barreras

Se habla de “amplitud de criterio” y “sólo para personas con criterio”, casi siempre con tono desafiante, al tocar temas como pornografía, casinos, películas, vídeos y vicios de cualquier índole, ahora socialmente aceptados. Y muchas veces no se trata de criterio amplio, sino más bien de ignorancia amplia, de personas que por no tener conocimientos no pueden medir el alcance o las consecuencias, o no se quieren definir.

Sobre los negocios de maquinitas donde los niños tienen acceso, mediante una moneda, a varios minutos de exhibiciones de mujeres desnudas, el funcionario entrevistado respondió que era cuestión de criterio, y que los valores se aprendían en el hogar. ¡Absurdo hablar de hogar en un país donde eso no existe, porque no hay familias, sino parejas arrejuntadas para mientras! El diccionario dice que criterio “es la norma para conocer la verdad”, un parámetro basado en el conocimiento de un tema, para poder emitir una opinión acertada y veraz. No es permisividad ni ausencia de restricciones, ni mucho menos desprecio por normativas o leyes de índole moral o religiosa, ya que bajo este esquema hasta el respeto a los símbolos patrios resultaría incongruente.

Actualmente, parece que el criterio amplio da el derecho a ver, oír, probar y hablar indiscriminadamente de todo lo disponible, y cuando alguien se atreve a establecer límites o regulaciones, automáticamente se le califica de moralista, fanático o intolerante, mientras que los tolerantes son una caterva de ignorantes que opinan, pontifican y critican de todo, porque no tienen idea de nada. Un criterio sólidamente formado requiere conocimiento del tema para opinar y analizar, y luego escuchar, de una manera respetuosa, las opiniones contrarias de los legos en la materia.

Luego de que en México hubiera protestas por la falsa imagen de Frida Kahlo que daba la película de Salma Hayek, cuando se exhibió “El crimen del padre Amaro”, los de amplio criterio rechazaron las críticas negativas, alegando que la infidelidad de un sacerdote está a la orden del día, y no se puede tapar el sol con un dedo. Pero al leer el argumento, el film resulta ofensivo para los sentimientos y valores de la mayoría de los salvadoreños, no porque un hombre sea infiel a sus votos sacerdotales, cuando tantos también lo son a sus votos matrimoniales, sino porque el director, con absoluta ignorancia del tema o con intencionada malicia, se burla de la Santísima Virgen María, cubriendo con su manto el cuerpo de la protagonista después de un acto sexual y blasfema de la Sagrada Eucaristía entregándola a un perro, para dar dos ejemplos.

¿Sabrá el director algo de teología y metafísica como para captar que la doctrina sobre la Santísima Virgen (hoy se celebra la fiesta de su Inmaculada Concepción) está basada en profundos estudios teológicos realizados durante siglos por los doctores de la Iglesia, y que el dogma de la presencia real de Jesús en la Sagrada Eucaristía se fundamenta en el milagro de la transubstanciación, que hace que la sustancia del pan y el vino, por las palabras del sacerdote (indigno, pero investido de poder) se convierta en el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Cristo, aunque los accidentes (aspecto exterior) del pan y el vino permanezcan?

Que la ignorancia trae consigo prepotencia y soberbia, lo demuestra un par de libros de publicación reciente, atacando al sacerdocio y los dogmas de la Iglesia Católica, escritos por un tal Pepe Rodríguez. Curiosamente, en las contraportadas no aparece ni una fotografía ni un currículum que permita saber qué estudios ha realizado, qué experiencia tiene como para atreverse a escribir sobre temas tan serios. Al ser anónimas, estas publicaciones no tienen más credibilidad que las que les pueda dar un lector inculto y ponen en evidencia que sólo el ignorante desprecia lo que no sabe.

Urge que los funcionarios, los periodistas y todos los que tienen la responsabilidad (y el valor) de opinar en público sean personas capaces de generar opinión, basada en criterios sólidos, y estén conscientes de que tienen obligación de formarse (que no es informarse), sino tener conocimientos y estudios que les permitan dominar los temas que tienen que tratar. Urge que todos entendamos que la madurez supone saber obedecer a leyes, disciplinas y reglamentos, ya que la libertad no es el derecho a probar todas las opciones, sino la capacidad de elegir nuestros propios vínculos y poner nuestras propias barreras que nos permitan definirnos para tener el coraje de decir que no.

Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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