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Comentario de la semana
Gestos de buena voluntad

Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
eduardo@elsalvador.com

Por incómoda que resulte, la mayoría de salvadoreños tenemos aún tiempo. Quienes no lo tienen son los enfermos, los pacientes, que requieren atención médica

Una propuesta de “humanización de la huelga” lanzó el gobierno en las últimas horas, para permitir el libre acceso a hospitales y clínicas, la no sustracción de expedientes de los pacientes, cesar el hostigamiento a quienes atienden a los enfermos y, en general, crear un entorno básico para prestar atención a personas en necesidad, agobiadas por la enfermedad.

Como gesto de buena voluntad, el Ejecutivo extendió hasta el viernes 20 de diciembre el plazo para la reincorporación de los médicos huelguistas a sus puestos de trabajo. Se les pidió a éstos, es decir a su dirigencia en la mesa de negociación, corresponder el gesto en beneficio de quienes han llevado la peor parte en estos tres meses de huelga: los pacientes.

Como un profesional más de clase media que soy, comprendo la situación económica en que podrían estar los médicos que durante los últimos tres meses decidieron dejar de atender a sus pacientes, en apoyo a la huelga en el sector salud.

Por las razones que sean, si el común de los salvadoreños en edad productiva –“coyol quebrado coyol comido”-deja de trabajar por 90 días, sin la consiguiente remuneración económica, pues sufriría un inmediato colapso económico. Un colapso económico o, en el universo de la clase media, categoría de los muy previsores, pues al menos una apremiante situación económica.

A nadie, por consiguiente, le debería extrañar que el “no a la privatización” intente, de manera gradual, convertirse en negociación de salarios no devengados, o para, decirlo en otras palabras, que de un tema de interés general, léase el tipo de reforma que el país requiere, se busque ahora pasar a uno de interés particular: los salarios no devengados de los médicos.

Lo que no es comprensible es ser inmunes al dolor, al sufrimiento humano. Y da la casualidad de que el dolor y el sufrimiento humano de quienes hablamos, es el de salvadoreños que más allá de la fuerza sobrenatural, que es la más importante, no tienen más opción que tratar de sobrellevar su enfermedad en un escenario antinatural para su curación.

La lección de Solferino

Hasta la guerra, por paradójico que parezca, ha sido humanizada.
Tras la feroz y famosa batalla de Solferino, el 24 de julio de 1859 en el norte de Italia, murieron muchos guerreros, desangrados en su mayoría, que pudieron haber sido salvados si en su momento hubieran recibido atención médica.

Tan dantesco fue el espectáculo, y tanto el horror de los que lo contemplaron, que de ese cuadro tétrico surgió el movimiento que ahora constituye el Comité Internacional de la Cruz Roja.

Elemento básico en la “humanización de la guerra” fue que un herido recibe atención médica, no importando ya más. Es decir, un herido deja de ser combatiente y se convierte en un ser humano como cualquier otro, en necesidad de recibir atención médica.

Si en “situaciones anómalas” son las anteriores prácticas, cómo es entonces posible que se le niegue atención médica, en nuestro país, a personas agobiadas por la enfermedad. Hay que dar gestos de buena voluntad, y hay que darlos ya, en la mesa de “desmontaje de la huelga”, que entiendo forman los ministros de Salud y de Trabajo y el director del ISSS, y los de la Comisión Tripartita, con la mediación de tres obispos de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES).

Por incómoda que resulte, la mayoría de salvadoreños tenemos aún tiempo. Quienes no lo tienen son los enfermos, los pacientes, que requieren atención médica. Por ellos, por la sensatez y el buen tino, demos ya esos gestos de buena voluntad que el país requiere. La pelota continúa en cancha de los médicos.

Que Dios se apiade de nosotros y que nos haga llegar una buena dosis de raciocinio y humanismo, para que quienes más sufren en este momento sientan pronto la característica solidaridad y el buen espíritu salvadoreño en apoyo a ellos y a su situación actual de sufrimiento.
¡Así sea!
*Licenciado en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.

 

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