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Tema
para reflexionar
ENTRE
AMIGAS
María A. de López
Andreu*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Lo
más grave, sin embargo, es que muchos, teniendo la oportunidad
de educarse, la malogran y desperdician: abandonan sus estudios
o, aun completándolos, se convierten en seres mediocres
Conversábamos un grupo de amigas, empresarias todas, sobre
los problemas de nuestro país -especialmente los provocados
y agudizados por la crisis actual. Esto nos llevó,
irremediablemente, a un tema que abordamos siempre: el de la educación.
Debemos reconocer que -aun con sus fallas, especialmente de calidad-nuestro
sistema educativo muestra avances importantes, como que el analfabetismo
ha disminuido y la escolaridad ha aumentado.
Desafortunadamente, todavía hay demasiados niños que,
por diversas circunstancias, se quedan sin escuela, cerrándoseles
así las mejores oportunidades para su futuro.
Tanto el Estado como instituciones privadas están haciendo
esfuerzos para corregir y superar esta triste situación.
Lo más grave, sin embargo, es que muchos, teniendo la oportunidad
de educarse, la malogran y desperdician: abandonan sus estudios
o, aun completándolos, se convierten en seres mediocres,
resentidos, descontentos y negativos.
Pasamos, lógicamente, al siguiente peldaño de nuestra
conversación: que la educación, por sí sola,
no es suficiente, sino que nuestro país requiere, primordialmente,
de formación y cultura. Dicho en otras palabras: más
que de técnicos, doctores, profesionales y eruditos (que
ya los hay, aunque sean pocos) necesitamos de mejores personas que
unan a sus conocimientos los valores morales, cívicos y culturales,
indispensables para trabajar en el largo y difícil proceso
que implica el desarrollo.
Y nos intrigó el hecho de que, nunca como ahora -en la clase
media y alta-el proceso educativo comienza a tan temprana edad y
con semejante amplitud. ¿Por qué, entonces, tal incongruencia?
¿Por qué son tan escasos los buenos ciudadanos? ¿A
qué se debe que nuestra juventud sea tan inhumana e indiferente?
¿Qué ha sucedido con nuestros valores? ¡Un tema
que valdría la pena dilucidar!
Los niños y bebés de hoy, se inician en el aprendizaje
formal (centros de desarrollo temprano u otros lugares
con nombres igualmente sofisticados) tan pronto como a los 18 o
24 meses de edad. Se espera que asistan al kínder, primaria,
plan básico y bachillerato.
Posteriormente, que obtengan al menos un título, sino dos
o más, en la universidad, seguidos de postgrados y doctorados.
Para entonces, habrán aprendido a nadar, tocarán un
instrumento musical, practicarán a buen nivel algún
deporte, hablarán varios idiomas, serán expertos en
tecnologías y las ciencias les habrán revelado todos
sus secretos.
Pero, ¿se habrán realizado como seres humanos, hechos
a imagen y semejanza de Dios? ¿Les habrá quedado tiempo
para eso? ¿Habrán aprendido cómo relacionarse
y establecer lazos de negocios, amistad o matrimonio, en el largo
plazo? Dentro de su escala de valores, ¿tendrá para
ellos alguna importancia ser personas de alta calidad moral, cívica,
cultural y espiritual? Las respuestas que podríamos obtener
son preocupantes.
Porque ya estamos viendo, en el presente, cómo abundan los
profesionales de la peor ralea. ¿Será igual en el
futuro?
Comentábamos que, en la actualidad, nuestros hijos y nietos
saben un cúmulo de cosas que a nosotras las mujeres
de mi generación-jamás nos enseñaron. Lo
trágico, sin embargo, -dijo una de las asistentes no
es que nosotras sepamos menos que ellos; lo trágico es que
no les transmitimos a ellos las cosas que sí no enseñaron
a nosotras-. Y todas quedamos en profundo silencio, asimilando la
verdad y sabiduría de sus palabras.
Sí, carecemos de valores, es una realidad tan grande como
una catedral. Pero no debemos culpar por ello a nadie más
que a nosotras mismas, las mujeres. Porque somos nosotras (no la
TV, ni el cine, ni la Internet), desde nuestra propia naturaleza,
las llamadas a preservar y transmitir los principios eternos e inmutables
que ya traemos grabados en nuestro corazón: Dios, patria,
familia.
Y también todos aquellos que recibimos de nuestros mayores,
como amor, justicia, verdad, estudios, honor, entrega, responsabilidad,
trabajo, lealtad. Tantos y tantos valores, transmitidos y vividos
por generaciones, que están ahora bajo amenaza de extinción.
¿Permitiremos que eso suceda? ¡No mientras existan
mujeres que, como estas admirables amigas, están conscientes
de ello y dispuestas a evitarlo!
Porque las mujeres somos mayoría en El Salvador y nuestras
actuaciones pueden ser determinantes. De nosotras depende que los
ciudadanos salvadoreños -hombres y mujeres-lleguen a realizarse
o se trunquen, alcanzando a ser -apenas-brillantes profesionales,
cuando su destino es convertirse en excelentes seres humanos.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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