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Angustias
y frustraciones
Estoy
desesperado. Realmente no sé qué hacer. Siento como
que el mundo se me viene abajo y, la verdad, es porque no hay nada
de seguridad.
Luis Lainez
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
Si
al menos me dijeran que me voy, bueno, armo mis maritates y me voy
a cualquier champita. Ahí están las manos azules extendidas,
esperando que me vaya con ellas.
¡Pero eso sería si tuviera la certeza que me voy!
Ya me vinieron a decir que no piense irme con el hombre de las gafas
oscuras, el regente de la Dama de las Manos Azules, porque mi historial
crediticio puede dar un vuelco inesperado, que mis deudas pueden
resucitar y que los intereses ahogarán hasta a las ballenas
más experimentadas.
¡Si sólo tuviera la certeza! Ya vi cómo los
socios manejan al Caballero Tricolor. Ya me di cuenta que en cuanto
a las alcaldías no importa el color ni la procedencia de
los candidatos.
Ahí están presentes los ejemplos de las comunas de
oriente. Uno era medio pescado, pero con una sombra de apoyo impresionante.
Entonces no dudaron en jalárselo.
El otro es el colmo. ¡Era piricuaco! A mí no me convencen
esos que dicen que el hombre no era rojo, que los rojos lo habían
llevado pero que no era de ellos. ¡Desde luego que era el
alcalde y que ganó con el Barón es porque es rojo
por dentro!
Allá en occidente pasó lo mismo. Un pescadote muy
gordo y chele pone la cara por el Caballero Tricolor. No importó
tampoco que llegó a su comuna con una parte de los votos
del Barón.
Por eso me da tanta rabia que no me digan si me voy o me quedo.
Si voy a seguir en la Casa del Pueblo, ¿por qué puercas
no me lo dicen y punto? ¡Por maje voy a andar diciendo que
yo sí y sabiendo que el resto de mis compañeros se
quedan!
Bueno, talvez lo hacen porque saben que no me puedo quedar callado
y que se le voy a restregar en su cara a los despechados (especialmente
a aquellos que cren que por su apellido tienen el puesto seguro).
Hasta me han dado ganas de hablarle a la Doña.
Ya vi a varios ex simpatizantes del Caballero Tricolor que se han
ido con la Doña. De todos modos ella sabe que cuando a uno
le dan la espalda aquí es para siempre.
¡Y cómo no va a saberlo, si a ella misma, que fue el
mandamás, también la dejaron fuera!
Pero, fuera de bromas, lo que me mata es la incertidumbre.
Por cierto, ¿no conocen ustedes a algún partidito
medio regular que me quiera llevar de candidato?
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