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Tema
del momento
Hipócrates
y los médicos
Carlos Mayora Escobar*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Con
ocasión de la huelga médica que asuela nuestro país,
mucho se ha comentado respecto a la figura de Hipócrates
y lo que su juramento implica para los profesionales de la salud.
Algunos de esos comentarios han sido hechos en tono despectivo,
como si se quisiera quitar importancia a Hipócrates y a su
obra. Otros han demostrado creer lo contrario y la mayoría
parece no conocer a fondo el tema. Por esas razones, este artículo
podría haberse titulado: Hipócrates, el desconocido.
Esto se explica, si consideramos que en nuestro país, de
las cinco escuelas de medicina con que contamos, únicamente
dos tienen en sus programas educativos Ética Médica
e Historia de la Medicina. Y de ellas, sólo en una, los estudiantes
que se gradúan hacen el juramento hipocrático. Por
otro lado, es importante mencionar que existe en el país
un Código de Ética y Deontología Médica,
en el cual, con bellas palabras, se informa al médico cuáles
son sus deberes. Pero también es bueno recordar que, como
decía el creador de la Ética Aristóteles,
ésta es una ciencia no para saberla o contemplarla sino para
vivirla. Por todo lo anterior es oportuno informar acerca de la
figura de Hipócrates, el Padre de la Medicina
y sus enseñanzas.
Nace Hipócrates en la isla de Cos, durante el siglo de oro
helénico, en una familia de médicos. Desarrolló
su profesión en Grecia, en el Siglo V (480-380 a. de C).
Su principal mérito es el de haber sido el punto de partida
de la medicina científica, al separar las enfermedades del
origen mágico o religioso que se les atribuía.
Estableció cuatro principios de la práctica médica
que marcaron un hito en la historia de esta profesión: Observarlo
todo; estudiar al paciente más que a la enfermedad; hacer
una evaluación imparcial del paciente y ayudar a la naturaleza.
Fue Hipócrates también quien estableció la
elaboración de la historia clínica.
Su obra, el Corpus Hipocráticum, consta de sesenta
volúmenes recopilados y publicados por el lexicógrafo
francés Emile Littré, en 1839. Dicha obra comprende
diversos temas médicos: anatomía, fisiología,
salud pública, ginecología, etc., etc., etc.
Conviene también mencionar sus Aforismos breves
sentencias preceptivas frutos de su observación clínica,
y el juramento hipocrático, que es el primer tratado de ética
médica de la historia. La ética hipocrática
parte de un profundo respeto hacia el paciente, a la que su autor
llama: filantropía.
En el juramento plantea que la unidad del gremio médico se
apoya en tres pilares: la gratitud y respeto al maestro, la lealtad
con los colegas y la obligación de transmitir el saber sin
egoísmos, en beneficio del gremio y de los pacientes. En
el juramento se plantean seis deberes del médico: 1) No causar
daño al paciente, al que protegeré de todo daño
e injusticia. 2) No matar. En donde se pronuncia en contra
de la eutanasia. 3) No al aborto. En defensa del derecho fundamental
de la persona humana, el derecho a la vida. 4) No practicar procedimientos
para los cuales no se está capacitado. 5) Respetar la dignidad
del cuerpo del paciente, su intimidad o pudor y jamás cometer
abusos. 6) Guardar el secreto profesional.
Después de veinticinco siglos de existencia, todos estos
deberes y principios éticos son universales e intemporales
y, por lo tanto, actuales.
Es importante recordarlos en medio de la actual crisis médica
que sufrimos, con la esperanza de que la huelga termine de una vez,
por el bien del país, en beneficio de los pacientes, sobre
todo de los pacientes pobres que no tienen a quién recurrir,
y del prestigio y dignidad del gremio médico de El Salvador.
* Médico Ginecólogo.
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