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Desde Washington
Una historia de amor y dolor entre dos vecinos

Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En la aclamada película mexicana “Amores perros”, la historia de amor, esperanza, traición, mentira, egoísmo, dolor y muerte se repite sin misericordia, no sea que el espectador olvide la cruda realidad de la vida en la capital mexicana.

En la enredada relación entre Estados Unidos y México, la cruda realidad no es muy distinta.
He aquí los últimos episodios de esta tempestuosa trama:

El presidente Bush despacha una poderosa delegación de sus principales lugartenientes, encabezada por el Secretario de Estado, Colin L. Powell, a una reunión anual de funcionarios de ambos países. Llevan consigo un mensaje pregrabado de Bush en que afirma que su fidelidad al presidente Vicente Fox sigue incólume. “Estados Unidos”, declara Bush, “no tiene una relación más importante en el mundo que la que tiene con México”.

Pero lo que sigue es lo que menos querría escuchar Fox. Se diría que la verdadera misión de Powell consiste en incumplirle a México —eso sí, con tacto y amabilidad—. Las circunstancias en Estados Unidos han cambiado, les informa Powell a los mexicanos, y lo que éstos quieren y necesitan más en esta relación —una reforma migratoria— podría estar más lejos de lo que piensan.

Pero Fox, desconsolado, no se da por vencido. Por el contrario, decide devolver el golpe en el sitio donde Washington es más vulnerable. Cada miembro de la pareja, después de todo, sabe perfectamente cómo herir cuando es ofendido. Fox pone en duda los beneficios del modelo de libre comercio que Estados Unidos promueve alrededor del mundo.

Han pasado diez años desde que se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Los beneficios han sido menos de los esperados y Fox sospecha que la situación, especialmente en el campo, se complicará el año entrante. Más mexicanos no tendrán otra opción que emigrar, y así el tema —su tema— vuelve a la mesa de discusión.

La historia de amor y dolor entre dos vecinos es vieja. De hecho, por décadas, funcionarios mexicanos han considerado más productivo adoptar una actitud nacionalista y anti yanqui. Pero en el mundo globalizado del Siglo XXI, la nueva realidad es que esa ya no es opción.
El telón de fondo de este último capítulo es el siguiente: El TLCAN provee la reducción gradual de tarifas a productos agrícolas a lo largo de varios años. La mayoría de las tarifas que restan desaparecerá al empezar el año entrante.

En ese momento, agricultores mexicanos y estadounidenses competirán más cara a cara, pero los agricultores estadounidenses tendrán una mayor ventaja, gracias, en parte, a los $180 mil millones de dólares en subsidios aprobados a principios de este año por el Congreso estadounidense. Lo que recibirán los mexicanos será comparativamente una fracción.

Fox aprovechó la reunión para plantear la posibilidad de que se considere un tratamiento especial hacia México en vista de las disparidades en los subsidios agrícolas, algo que numerosos analistas comerciales en Washington calificaron como poco realista. Los subsidios, dijeron, no son cosa para negociar con México o Chile, o cualquier otro país del hemisferio.

En cambio, son un arma que la administración Bush guardará con recelo para negociar sólo a nivel mundial, particularmente con la Unión Europea y Japón, donde los subsidios agrícolas son supuestamente mucho más altos.

Y el problema de México, aseguran los expertos comerciales, no son los subsidios ni la eliminación de las tarifas arancelarias. El problema, afirman, es que, después de los diez años que tuvo para prepararse, México no está plenamente listo para competir. Y algunos dirían que Fox tampoco lo está.
Fox ha querido demostrar que es un líder para la región y no sólo para México. Pero al criticar al comercio y los inconvenientes de las políticas estadounidenses, Fox pareciera estar echando suertes con aquellos más escépticos —demasiado escépticos— del modelo de Washington. No precisamente el tipo de colega que quisiera Bush.

Más aún, Fox pareciera querer escalar una montaña cada vez más escabrosa. Pasar de inmigración a subsidios es como pasar de algo difícil a algo prácticamente imposible.
Pero funcionarios mexicanos y algunos ex funcionarios estadounidenses creen que Washington ya ha dado señales de que tiene espacio para ceder en el tema de los subsidios —Fox podría ganar, pero también podría perder—.

Esa es parte de la retorcida historia de países vecinos —México y Estados Unidos—, condenados a un mismo e intrincado destino. Y a diferencia de las películas, nunca termina.
*Columnista del Washington Post.

 

 

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