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Ministerio Espiga
Artesanos de la paz
Por Salvador Gómez, Predicador
Católico
www.espiga.org.sv
"...
se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: La
Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado.
Los discípulos se alegraron de ver al Señor"
(Jn. 20, 19-20).
No nos dejemos engañar por aquello o por aquellos que nos
ofrecen satisfacción, bienestar y paz a bajo costo. Jesús
nos enseña que para hablar de paz y sobre todo para alcanzarla,
es necesario mostrar las señales, las heridas, la huellas
del trabajo que ha costado construirla.
Una de las Bienaventuranzas que nos dio el Maestro dice: "Bienaventurados
los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados
hijos de Dios" (Mt. 5, 9). Entre otras cosas, aquí claramente
se nos indica que la paz no es un regalo, sino algo que por lo que
se debe trabajar continuamente.
Cuántos matrimonios, familias, empresas, comunidades, pueblos,
están anhelando vivir en paz, pero ninguno está dispuesto
a trabajar, sacrificarse o pagar el precio que cuesta construirla.
Muchas veces nuestro actuar es tan incoherente como el de los países
poderosos que fabrican y venden armas para la guerra mientras los
pobres ponen la sangre y los muertos; luego los primeros aparecen
como mediadores del conflicto y héroes al firmar como garantes
o testigos de honor en los acuerdos de paz.
La paz no se logra con armas ni con papeles, sino con personas dispuestas
a negociar, aun cuando eso signifique ceder, compartir, renunciar
a ser los dueños absolutos de la razón, la tierra,
el dinero o el poder.
Bienaventurados los que hablan de paz y están dispuestos
a mostrar las heridas, es decir, el sacrificio que ha costado construirla.
Lo que no se ve
En tu vida, en mi vida, como en la vida de Jesús hay muchas
cosas que nunca quedarán escritas, pero estarán para
siempre en la memoria.
Jesús nos enseña a vivir hasta el final, salvar lo
que puedas salvar, iluminar lo que puedas iluminar y dar todo lo
que tengas para dar, aun cuando nadie lleve registro de tu total
e incondicional entrega.
No es necesario dejar constancia de todo y menos esperar el reconocimiento
por todo. Parece injusto pero así es la vida. Muchas lo que
más se graba, lo que se recuerda y lo que más comentan
algunas personas son los errores, limitaciones, defectos y desaciertos,
condenando al olvido el inmenso bien que hemos hecho.
Lo que hagas por los demás, comenzando por tu familia, será
la semilla, el testimonio, que arrastrará a tus semejantes.
Alguna de esa semilla caerá en tierra fértil, otra
entre las piedras y el resto será comida de pájaros.
Pero los frutos de las que germinen serán abundantes y eternos.
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