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El hacedor de guitarrones

Una de las cosas que nunca se imaginó José Francisco Hernández fue aprender, a sus 73 años, a elaborar guitarrones, aun con problemas visuales y auditivos y un leve temblor en sus manos.

Alma López
Fotos: Julio César Avilés
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Francisco aprendió en el 2001 a fabricar guitarrones, instrumentos que en épocas pasadas hacían de las suyas en las fiestas y sacaban a más de alguien un movimiento de caderas y pies.
Ahora los sonidos emitidos por estas grandes guitarras de vientre abultado ya no se escuchan como antes, pocas personas los elaboran y las ventas son mínimas, expresa Francisco con tono de tristeza, mientras se arregla sus blancos cabellos luego de quitarse su sombrero de palma.
Sin embargo, la falta de rentabilidad del producto es algo que ignoró este septuagenario y decidió aprender a fabricarlos, porque su interés no era percibir ganancias. “Yo quería darme el gusto de hacerlos”, dice, mientras acaricia un guitarrón.

Trabajar con la madera no es algo nuevo para él. Creció entre el aserrín, el sonido del martillo y los fierros. Su padre Nicómedes Hernández era un reconocido carpintero, oficio que heredó a sus cuatro hijos varones, entre ellos Francisco, su tercer retoño.
Mientras habla rememora su vida en el cantón San Felipe en Gotera, Morazán, donde nació en 1927. Allí vivió hasta que ingresó al cuartel de caballería en San Salvador en 1945, que abandonaría para dedicarse a manejar tractores agrícolas.

Debido al trabajo de arar tierras para sembrar caña, su vida transcurría de un lugar tras otro. Hasta que conoció a Concepción Salguero, su esposa, dejó de ser un nómada y se asentó en San Rafael, Chalatenango, hace 30 años. Allí nacieron sus ocho hijos.

Ilusión de años

Manifiesta que por su trabajo nunca tuvo tiempo para aprender algo que le gustaba: fabricar instrumentos musicales. “Es bonito sacarle sonidos armoniosos a la madera”, manifiesta con una voz vigorosa, mientras un brillo se apodera de sus pequeños ojos cafés.
Fue hasta el 2001 que se aventuró a aprender a elaborar guitarrrones. Su hermano Isabel que vive en Jocoro, Morazán, se ofreció a enseñarle; así que viajó durante un buen tiempo hasta las tierras orientales.

Mientras relata sus viajes, sus manos, matizadas con las manchas heredadas por la pintura que utiliza en la coloración de los instrumentos musicales, no resisten la tentación de jugar con la cuatro cuerdas del guitarrón y comienza a deleitarnos con un corrido mexicano.
Así es Francisco, un goterense que a pesar de sus 74 años posee un espíritu joven; aunque su menudo cuerpo ya los resiente: no escucha muy bien y sus ojos le impiden tener precisión a la hora de cortar y de marcar la madera.

Manifiesta que le gustaría elaborar más de estos instrumentos, pero su vista es un obstáculo y la venta es poca. De superar estos escollos no duda en hacer maravillas con la madera.

Vistazo a la elaboración


Entre los materiales que utiliza para elaborarlos están madera de cedro y de laurel, brochas, barniz, clavos, martillos, formón y mazo. El costo de los instrumentos oscila entre 400 y 600 colones.
* El trabajo que realiza es el de un escultor. Sus manos crean detalles que dan vida a trozos y enormes tablas de madera. Es en la elaboración de los mástiles del instrumento donde su arte se refleja más; incluso ha elaborado uno que ha coronado con el cuerno de una vaca.
* Las llamadas “cinturas” de los guitarrones también requieren astucia. Para lograr las curvas moja las tablas de madera por 24 horas y luego las amarra con un lazo a un árbol durante dos días para secarlas y que tomen la forma clásica de estos instrumentos.

 

 

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