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En
cumplimiento de su misión laboral
Abrazos en los centros de trabajo
Esta
noche, la mayoría de personas departen en familia, pero muchos
estarán cumpliendo una jornada laboral más.
Jorge Beltrán/ Guadalupe
Hernández
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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Rodolfo Quintanilla Pérez
monta guardia en los puestos de pólvora de la plaza
Bolívar, en esta capital. Foto
EDH
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Llegó el fin de año. La familia se reúne para
recibir el nuevo año en unidad. Una suculenta cena, brindis
y muchos abrazos son parte de esta cálida noche.
Antes de las 12 de la noche, todo mundo se apresura para estar en
casa junto a sus seres queridos, aunque haya que esquivar los peligrosos
silbadores y los potentes morteros.
Pero no todos recibirán el año nuevo en unión
familiar. Hay muchos que deben cumplir con el turno más temido
del año; pero, en fin, todo es por cumplir con las obligaciones
laborales.
La nostalgia se acentúa cuando por todos lados suena la canción
Cinco pa las doce o El año viejo.
Sin embargo, para Rodolfo Quintanilla Pérez, teniente de
bomberos desde hace 17 años, será el momento en que
tendrá que estar más atento.
Esta noche estará ausente del calor del hogar. Su profesión
le exige estar vigilante; presto para acudir a cualquier emergencia
donde haya fuego.
Allá, en Cojutepeque, a 35 kilómetros de la capital,
estarán sus hijos y su esposa, con quienes pasó la
Navidad.
Quintanilla asegura que en la Nochebuena trató de disfrutar
mucho con su familia, a la vez que procuró concienciarla
de que este día estaría ausente. Ni modo, así
es esta profesión, asegura, mientras recuerda que en
otras ocasiones, a la hora de los abrazos, se saludan entre compañeros
a través de radiocomunicadores, y los abrazos los comparte
con la gente que está más inmediata.
Ayer, Quintanilla custodiaba las ventas de pólvora en la
plaza Bolívar. Esta noche, el teniente aún no sabe
a cuál lugar será asignado.
Sin embargo, deja entrever sus mayores deseos: que los padres cuiden
de sus hijos mientras queman pólvora, para evitar sinsabores.
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El
doctor
Esta noche, muchos médicos y enfermeras
no podrán estar con sus familias, todo para cumplir
con su misión de salvar vidas y atender las emergencias
que nunca faltan
Atender un turno de 12 horas consecutivas,
en pleno día de fin de año, es triste para cualquiera,
pero para el doctor Rafael Enrique Rubio, residente del hospital
Bloom, es parte de una misión que se debe cumplir.
Como profesional de salud es la primera vez que pasará
lejos del calor de su familia. Me siento un poco triste,
porque no podré pasarla con mi esposa ni mi pequeño
hijo, pero es un sacrificio que todos pagamos dice.
Esta noche, desde el cuarto piso de la sala de Pediatría
número uno del Bloom, el doctor Rubio, junto al resto
de médicos y enfermeras de turno, observarán
las luces de los fuegos artificiales que surcarán el
cielo.
Y aunque se encuentren en plena jornada laboral, no faltarán
los abrazos para desear un mejor año.
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La
vendedora
Nadie podría ver las luces multicolores
que se disparan por los aires, si los vendedores de pólvora
no sacrificaran el tiempo con sus familias para ganar el sustento
diario
En 22 años, Sandra Verónica
de Tomasino nunca ha podido preparar una cena de Navidad o
Año Nuevo, porque aprovecha ambas fiestas para vender
productos pirotécnicos .
Asegura que es la única temporada que aprovecha para
mejorar sus ingresos y pagar las deudas, porque la mercadería
es adquirida al crédito.
Me siento triste de no pasar con mis hijas, pero este
sacrificio lo hago por ellas, para que puedan tener un estudio,
y todo lo que mis padres no me pudieron dar a mí,
dice con tono melancólico.
Cuando son las 12:00 de la noche, doña Verónica
guarda la mercadería para a ir a su hogar. Por suerte,
en casa, sus hijas y don José Tomasino, su esposo,
preparan la tradicional cena para que todo esté listo
cuando llegue la cansada madre.
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El
Locutor
Los locutores que pasan la noche de fin de
año poniendo la música guapachosa
que gusta a los salvadoreños se sienten satisfechos
de alegrar a los radioescuchas
La misión de un locutor es transmitir
alegría, aunque ello implique pasar tres horas encerrado
en una cabina de radio, en plena noche de fin de año.
Para Guillermo Herrera, disc jockey de Radio Femenina,
es un sacrificio que vale la pena, porque lo hace para alegrar
el espíritu de miles de radioescuchas.
Es una combinación de sentimientos: nostalgia
por no estar con la familia y la novia; satisfacción
por transmitir alegría a los que nos escuchan,
dice.
Guillermo asegura que los mensajes de cariño que les
envían a través de las líneas telefónicas
son un buen motivo para no estar tristes, al igual que los
panes con chumpe que les llevan hasta la cabina.
La pandilla de la F tiene como tradición
reunirse a las 12:00 en punto y darse un fuerte abrazo de
año nuevo.
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