Turismo
 
Inicio del Sitio Martes 31 de diciembre
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

La columna nacional
El equilibrio en la política del Estado

Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

ARENA no nació como un parto intelectual de nadie. Nació en la forma más natural posible: fue un parto irreflexivo de la más absoluta y acuciante necesidad

Equilibrio será tomado en la acepción positiva -no la del equilibrismo pragmático del que se cambia la chaqueta a conveniencia -sino en el balance de fuerzas que, si se usan en forma armónica, terminan produciendo justamente las acciones que los conductores del Estado se han propuesto, con la menor cantidad de daño posible a las instituciones, a los colectivos organizados y a la población en general. Ni que decir que en el logro de un acertado y proactivo equilibrio es que los gobernantes tienen su prueba de fuerza más grande y, al mismo tiempo, más fina y eventualmente perdurable.

Adelantemos otro concepto: normalmente el equilibrio no va a significar el buscar siempre el punto medio de una situación dada, aunque la imagen visual nos confunda con el del fiel de la balanza. Añadamos otras ideas que ayuden a nuestra comprensión, agreguémosle al término en cuestión los de armonía, justicia y paz; así cargado podremos razonar que muy difícilmente se pueda encontrar lo justo de una situación dada mediante una negociación, por brillante que ésta fuere en términos de “calmar” a las partes (o apaciguar a las fieras, a veces). Porque un Estado embrollado de cosas, con reclamos, pasiones, grupos encontrados, normas jurídicas interpuestas, acuciantes necesidades sociales, intereses políticos particulares, violencia, grupos de presión económica y otros más, no es por cierto una piñata en que la más sabia de las soluciones sea una simple repartición, procurando que cada uno se acerque y llegue a un falso e injusto “punto medio”, en una negociación más propia de un mercado de ladrones, que a una auténtica solución de estadista.

Así las cosas nos va pareciendo más claro que toda resolución acertada de un conflicto social debe centrarse más en el fondo de los problemas, en la interrelación completa que vaya a quedar establecida en su resultado final y las implicaciones de precedente histórico que acarreen, que en el espejismo banal de un aplauso de galería, promovido por mercachifles y coreado por acanallados intereses que, en el fondo, habrán dado un paso más hacia la desestabilización -no del gobierno- sino de la misma personalidad interna del Estado. Por ello es que el gobernante tiene que mantener siempre una visión y no solamente una vista; con la vista se observa la realidad objetiva, con la visión se plasma una posibilidad real de futuro en función de una concepción política superior para la nación, de ambas ha de surgir cada uno de los movimientos, los que, basados en ambas, realizarán los movimientos que más convengan a la actual sociedad, pero también a la próxima y mejor que todos queremos para nuestros hijos. Ningún exceso en estos sentidos es bueno, pero no se puede dejar de tomar en cuenta ni la actualidad fugaz ni su acuciante devenir; olvidarlas es actuar negativamente.

Un punto de referencia ilustrará, si hiciere falta, la dura tarea de encontrar un equilibrio que muchas veces pasa por echar el hombro de un solo lado, cuando desmedidamente se encontrare un desbalance de fuerzas que obligue -he allí la responsabilidad estata- a usar la fuerza cuando sea necesario. Acotemos que si el uso legítimo de la misma, que se llama coercibilidad y no coacción, dejan de aplicarse cuando son moral y jurídicamente necesarias... esta falencia, esta falla en aplicarlas, se va a revertir y pudiera llegar a serles justamente aplicables a los que faltaron en usarlas.

Y el ejemplo más evidente nos lo otorga el maratónico conflicto que involucra a los sindicatos del ISSS, agrupaciones políticas, autoridades y otros. Los dos polos: 1. Casi todos estamos de acuerdo en la no conveniencia por ahora de una privatización, y en que cualquier discusión en este sentido tiene que hacerse amplia, profunda y largamente. 2. Nadie soporta más inhumana huelga. Por ello, por su aspecto claramente atentatorio contra los más elementales derechos humanos, por cobarde y criminal no se puede permitir más que se impidan los accesos de médicos que sí lo son de verdad hacia pacientes delicados; no son posibles los cierres de portones, los piquetes intimidatorios, los ataques y amenazas, cierre de calles y otros desórdenes sociales con daño para la ciudadanía.

Si acaso la estrategia hubiere sido actuar “suave” para saturar a la sociedad hasta que ésta reviente, yo quiero presentar un grito -¡de auxilio, ya no se soporta más!- para que se impidan más abusos criminales. No hacerlo puede precipitar una escala de violencia entre los mismos ciudadanos, amén de acarrear responsabilidades para funcionarios que hasta ahora han sido respetados. Que se haga bien, inteligente, guante de hierro bajo el de seda... ¡Pero que se haga YA!
* Lic. en Ciencias Políticas.


 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal