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Un
silbido mortal
Son
causantes del noventa por ciento de incendios y quemaduras graves
en las personas
El país
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
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| Las llamas de "silbadores",
pueden fácilmente convertir la diversión de Año
Nuevo, en dolorosas historias. Foto: EDH/Mauricio
Castro |
Las cifras impresionan. Seis personas resultaron quemadas por diferentes
productos pirotécnicos entre julio y diciembre. Dieciocho
más sólo por "silbadores". Desde
el 20 de diciembre a la fecha se han producido veinte incendios
por este mismo producto.
Son reflejos de las estadísticas del hospital San Juan de
Dios y el Cuerpo de Bomberos de Santa Ana. Sin embargo, no se prohíbe
la fabricación de este producto.
Estos pequeños tubos rellenos de pólvora, son considerados
los principales causantes de desgracias en las fiestas de fin de
año. En ello coinciden autoridades, médicos y los
mismos comerciantes de pirotécnicos.
Un silbador se sostiene con una mano y se enciende con
otra. Cuando toma fuerza, se suelta. El problema es que, aunque
se apunte hacia arriba, nadie sabe el rumbo que tomará el
pequeño cilindro que puede desplazarse hasta setenta metros.
Desgracias
Hay casos para escoger. En la colonia IVU, de Santa Ana, hace un
par de meses un vehículo fue destruido por las llamas. Un
grupo de jóvenes hacía una guerra de silbadores
y uno de ellos cayó en el vehículo. Los irresponsables
adolescentes huyeron y el propietario del auto se resignó
a la pérdida.
Pero tuvo más suerte que Carlos, un chico de doce años
a quien uno de estos productos se le metió en la chaqueta
que portaba. Le produjo una quemadura grave en el tórax.
Con todo ello, son muchas las personas que gustan de lanzar "silbadores".
Juan Carlos, un adolescente vicentino, expresa que para él,
es una forma de mostrar su valor a los amigos. No cualquiera
se atreve, manifiesta.
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| Muchos de los incendios ocurridos en diciembre
de cada año, se originan en el mal uso de los "silbadores"
. Foto: EDH |
Ocurrió hace catorce años
Las manos de su hijo tienen cicatrices de una desgracia ocurrida
hace casi tres lustros. Desde entonces, repite que la pólvora
no es un juego
Perdió su casa y su negocio. Su hijo y dos trabajadores resultaron
con graves lesiones, pero aún agradece a Dios, ya que las
cosas pudieron ser mucho peores.
Raúl Escamilla era propietario de una cohetería situada
en el barrio El Ángel, de Sonsonate. Hace catorce años,
la temporada navideña fue tan buena que decidió dar
el día libre a sus 35 trabajadores el 28 de diciembre.
Su hijo, entonces de 12 años, jugaba con dos de los empleados
dentro de la casa, cuando se produjo una enorme explosión.
El edificio y la mercadería fueron destruidos en pocos minutos,
las tres personas que estaban en la casa quedaron con graves lesiones
y los médicos temían tener que amputar las manos del
niño. Pero la desgracia fue superada.
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No hay que regular
sino prohibirlos
Cada año hay menos fulminantes,
la chispa del diablo desapareció. El silbador,
les sobrevive pese a los peligros que representa
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El señor Escamilla se considera afortunado. Ese día
le llevaron un furgón cargado con pirotécnicos. Pero
al no tener para entregar el anticipo, se la llevaron. De lo contrario,
la explosión hubiera sido mucho peor.
Hoy él no quiere saber nada de negocios con pirotécnicos.
Lamenta que muchos padres descuiden a sus hijos cuando los queman,
que se permita a niños trabajar en coheterías.
Definitivamente, para él, la pólvora no es para jugar.
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