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En
América Latina
AGRICULTURA: FUENTE DE DESARROLLO SOSTENIBLE
Rafael Vergara*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El enfoque empresarial, llevado incluso hasta las extensiones más
pequeñas de tierras, hace una diferencia sustancial en el
mejoramiento de los ingresos de los agricultores
Recientemente se celebraron los sesenta años del Instituto
Interamericano de Cooperación para la Agricultura y los 30
años de presencia en El Salvador, dejando importantes reflexiones
de CAMARGO, MAG e IICA, que deben ser incorporadas en la estrategia
de desarrollo nacional.
En los 90 se dio una carrera por ajustarse a las exigencias de los
convenios internacionales en materia comercial, hasta llegar El Salvador
a ser en 2002 una de las economías con más libertades
económicas del mundo. Pero no existe almuerzo gratis
en este nuevo estatus. En los procesos de liberalización comercial
hay siempre ganadores y perdedores. Ganadores por parte de los consumidores
que pueden acceder a bienes más baratos con una variedad sin
precedentes en nuestra economía. Perdedores, en el sector industrial
y más específicamente en el sector agrícola,
ya que una liberalización agresiva unilateral lo deja en una
situación difícil frente al resto del mundo, debido
a la existencia de subsidios y restricciones de otra índole
por parte de Europa y Estados Unidos, principales socios comerciales
de nuestro país.
La importancia de esta actividad es más alta de lo que a simple
vista parece. En estudios recientes se menciona el sector agrícola
ampliado, el cual además de incluir la producción de
los bienes a las agroindustrias y la estructura de servicios que se
crea para atenderlos, contribuye con más del 20% al PIB nacional.
Genera más del 40% del empleo en nuestra economía, lo
cual hace pensar que es una paradoja la falta de atención que
ha recibido últimamente.
El contexto actual hace que el sector agrícola sea visto como
una actividad muy riesgosa y en dificultades. El acceso a los servicios
como el crédito al sector agrícola se ha reducido a
través del tiempo, motivado también por las inconsistencias
que se han hecho en el manejo de las crisis agrícolas al condonar
deudas, ya que rompe el sistema de señales que mueve una economía
social de mercado. También la falta de atención a la
infraestructura a la que tiene acceso el área agrícola
hace que sus costos se incrementen en todo sentido cuando los precios
de los bienes están reduciéndose, ya que aumenta la
oferta mundial.
Pero existe una salida concreta a la crisis. Esta requiere de esfuerzo
y de adecuarse a un nuevo paradigma de desarrollo empresarial, orientado
a formular nuevos procesos productivos para incorporar en nuestro
país actividades de alto valor agregado en los bienes finales
que comercializa. Existe actualmente un desarrollo de mercados por
necesidades específicas, como denominación de origen,
certificaciones de sanidad vegetal y agropecuaria, y la certificación
de productos totalmente orgánicos, las cuales pueden ser aprovechadas
por empresarios actuales deseosos de aumentar sus beneficios.
Una vez más, la incertidumbre creciente en todos los sectores
de la economía se hace sentir con más fuerza para los
bienes agrícolas, pero a mayor riesgo se asocia mayores retornos,
y es necesario que existan emprendedores que se arriesguen a cambiar
radicalmente y posicionarse en estos nuevos segmentos.
El enfoque empresarial, llevado incluso hasta las extensiones más
pequeñas de tierras, hace una diferencia sustancial en el mejoramiento
de los ingresos de los agricultores que adquieren esta nueva visión
de la realidad mundial. No es posible seguir pensando que el mercado
llegará fácilmente a nuestras puertas para que sigamos
haciendo lo mismo que hace cincuenta años, es necesario avanzar
y aprovechar las necesidades de los mercados con mayor poder adquisitivo,
para impulsar el desarrollo sostenido de las comunidades rurales.
*Miembro de la Asociación de Ex Alumnos de la Escuela Superior
de Economía y Negocios
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