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La batalla puede esperar

Nosotros estamos siempre al lado de las luchas del pueblo. ¡Nunca nos van a ver complacientes! ¡Siempre estaremos en pie de lucha! Y si es necesario, ¡nos vamos a la montaña! -bramó el Patriarca del Barón Rojo.

Rusia
Agencias.-
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com

La amenaza retumbó por toda la Comarca. La angustia se apoderó entre algunos lacayos del Caballero Tricolor. Recordaron la confrontación de hace dos décadas. Se imaginaron huestes enarbolando banderas rojas y cabalgando en caballos azabaches, con lanzas y mazas en las manos.

Se imaginaron a ellos mismos luchando contra esos guerreros. Imaginaron que los ríos de sangre mancharían la Comarca.

Entonces recordaron cómo en las últimas semanas el Barón Rojo había estado al lado de las muchedumbres que lanzaron piedras y se enfrentaron a pedradas contra los gendarmes enviados por el Gran Maestro.

La voz del Patriarca Rojo resonó en sus oídos cuando anunció que todos los principados y ducados que no estaban con el Barón Rojo recibían monedas de oro y plata del Caballero Tricolor.

La memoria les trajo recuerdos del edicto del Barón Rojo en el que reconocía que los desórdenes y el caos contra el Gran Maestro eran una estrategia para agenciarse del favor de las grandes masas furibundas.

“El descontento no es fuerza. ¡Tenemos que convertir el descontento en fuerza!”, rugió en sus mentes el Patriarca Rojo.

En esa ocasión, el Barón había reunido a sus principales lugartenientes en un sitio apartado, rodeado de fuentes, pero acorazado contra los intrusos.

Ahí fue que les dijo que nunca abandonarían a las masas insatisfechas.
El Caballero Tricolor temía cómo iban a reaccionar.

Temía que las fogatas con caucho serían incontables en las cercanías de los sanatorios.
Temía que dejaran las piedras por las espadas y las macanas.

Pero eso no sucedió. La Casa del Pueblo entró en receso para festejar, junto con los otros lacayos del Gran Maestro, el fin del ciclo solar.

- ¿Qué pasó?- se preguntaron en el salón del Caballero Tricolor.
Desconcertados como estaban, enviaron a un espía para que se enterara de los planes del Barón.
Esto fue lo que escuchó cuando estuvo en una reunión secreta, presidida por el Patriarca:

- ¡Volveremos a la lucha hasta que termine la vacación! Ahora tengo que hacerme rejuvenecer el cabello. ¡Adiós!

 

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