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Comentario
de la semana
Reflexión
de la época
Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
eduardo@elsalvador.com
Tasas
de crecimiento de 5, 6 o 7%, de manera sostenida, es lo que El Salvador
demanda
A tres días exactos para la llegada de la Nochebuena, y
tras lo intensa que se volvió la última semana laboral,
completa, del año que está por concluir, valga la
ocasión para hacer una reflexión de la época
que, por el significado de la Navidad, el azul de los cielos y el
final del año calendario, resulta siempre ser la más
linda del año.
Ciertamente, una tasa de crecimiento económico del 2.3% -según
cifras del BCR- no es la que el país requiere para sacar
de la pobreza amplios segmentos poblacionales, atrapados, a través
de nuestra historia, por tan formidable e implacable adversario.
Tasas de crecimiento de 5, 6 o 7%, de manera sostenida, es lo que
El Salvador demanda. La pregunta del millón se vuelve: ¿Es
factible alcanzarlas?
En lo personal, creo que sí se vuelve posible, es decir,
podemos lograr, en un plazo de tres, cuatro, hasta cinco años,
esas tasas de crecimiento, de manera sostenible, toda vez que exista
un entorno global diferente. Léase que haya salido la economía
estadounidense de su actual recesión, y que tengamos en plena
vigencia el TLC con Estados Unidos.
No habiendo milagros económicos y con el crecimiento económico
mundial de 1.5% -promedio-durante el año 2002, reduciéndose
éste a un 0.7% en América Latina, aún con la
extrapolación de la situación argentina;
es obvio que no estamos bien los salvadoreños con nuestro
2.3% de crecimiento, pero, debo decirlo, hemos podido sortear la
tempestad de los últimos años.
De forma más que comprensiva, por no comerse, la macroeconomía
es como la salud: no se aprecia hasta que se ha perdido. Pero pienso
que es de justicia resaltar lo positivo que se vuelve mantener sólidas
nuestras bases para el despegue. Como lo demuestra la historia y
lo requiere el mundo de hoy, en nuestro caso de los
países centroamericanos, ese despegue económico
sólo podremos lograrlo a través de las economías
abiertas y el libre comercio.
La buena noticia, de salir todo como está programado, es
que dentro de un año deberíamos estar todos celebrando
el gran acuerdo comercial con la economía más fuerte
del planeta.
Hacia la consecución de las metas
Que hay maldad en el país y en el mundo, pues eso nadie lo
duda; reos en el pabellón 3 de Mariona así nos lo
recordaron esta semana. Una vez más, las condolencias para
los familiares, amigos y compañeros en la corporación
policial de estos héroes caídos en el cumplimiento
de su deber.
Tampoco conozco país en el mundo donde no existan problemas.
El punto, no obstante, parafraseando las ideas de Churchill, es
si con un sistema imperfecto como es la democracia, pero el mejor
que existe para regir la conducta de los pueblos, cultivamos los
valores y no las bajas pasiones; la tolerancia y las realidades,
en lugar de la intolerancia y el fanatismo. Mucho hemos tenido ya
de esto último, y lo único alcanzado luego de años
de dedicación y esfuerzo, con capacidad gerencial, es volver
a primera base después de tanto sufrimiento y dolor.
Esa debería continuar siendo la gran lección de la
firma de los Acuerdos de Paz, casi once años después
de su rúbrica; habiéndose aceptado la democracia y
la economía de mercado como postulados básicos del
gran acuerdo nacional, es importante también expresar una
máxima de aquel momento: sin vencedores ni vencidos.
Siendo conjunto nuestro destino, más allá de nuestras
diferencias que siempre las habrá, pues se vuelve
fundamental que comprendamos, de una vez por todas, que todos somos
salvadoreños y que para alcanzar el éxito no sólo
necesitaremos del concurso de la mayoría de nosotros, sino
de la mayor parte de centroamericanos.
Nosotros, que por las razones que sean, lideramos ahora el esfuerzo
regional hacia la modernidad y el progreso, tenemos una doble responsabilidad:
posibilitar las metas y dar el ejemplo de sensatez en la administración
de nuestras diferencias y en la resolución de los problemas
coyunturales.
Que el espíritu de las fiestas nos ayuden a una colectiva
y profunda reflexión.
¡Feliz Navidad para todos!
*Licenciado en Ciencias Jurídicas
y columnista de El Diario de Hoy.
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