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O conmigo... o en mi contra

El balance muestra los resultados de la guerra entre Hugo Chávez y los medios de comunicación: 489 agresiones en poco más de un año. Veintitrés unidades móviles de televisión han sido quemadas en ese país

Lafitte Fernández
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Las turbas chavistas destruyen todo lo que se encuentran en el camino cuando se deciden a atacar a los medios de comunicación. Foto: AP

Al principio, su voz era la del pueblo. Su “revolución” refundaría Venezuela.
Más tarde, cuando la “revolución” no fue más que un discurso presidencial y una nueva promesa electoral incumplida, comenzó la batalla inevitable.
Hugo Chávez siempre fue mediodependiente. Para resortearse hasta el poder usó y necesitó a los medios de comunicación venezolanos.
Pero, cuando llegó el momento de la verdad, cuando los periodistas le metieron el escalpelo a su “revolución”, sonaron los primeros balazos del poder.
Así empezó todo. Hugo Chávez siempre tuvo una visión particular de su proceso de construcción de la nueva Venezuela que prometió.
Pero por donde caminaran los periodistas no encontraban ninguna huella del paraíso que trataba de vender.

Borrachera


Aquello fue como despertarse de una larga borrachera democrática.
El estilo de gobernar de Chávez asustaba a cualquiera: su lenguaje era ofensivo, intimidatorio, quiebra-huesos.
Prometió crear una nueva institucionalidad y terminó construyendo la burocracia más grande del mundo.
Poco a poco lo vieron controlar los poderes públicos, pero él presentaba aquello como el desalojo del viejo régimen.
Cuando los pobladores le exigían resultados a su mandato, advertía que todo era culpa de 40 años de malos gobiernos.
Comenzó a destruir caminos no necesariamente insensatos y le llamó a aquello dolores de parto de una nueva sociedad.
Al autoritarismo lo apellidó: decía que era el pueblo tomando su nuevo destino.
A los periodistas no les quedó más remedio que decir la verdad. Al fin y al cabo, ese es su mayor compromiso ético.
Pero esa verdad le dolía a Chávez. Por eso, el gobernante planteó la discusión en su terreno: en el de la “mentira”.

Principio


Al principio, acusó a los medios de comunicación, suavemente, de mentirosos.
Después, elevó la sonoridad de la confrontación. Comenzó a hablar de “terrorismo mediático”.
Pero lo hizo de una forma muy particular: si me atropellan a mí, atropellan al pueblo.
Él quería la verdad. Pero esa verdad sólo debía ser la suya.
Siempre fue lo mismo: la pugna por la verdad fue, en realidad, una batalla del gobierno para presionar a los medios de comunicación.
En medio de ese pulso, se trataba de echar al “pueblo” en contra de los mentirosos de los medios de comunicación.

Así se delineó el escenario de la nueva guerra: Chávez aspiró a convertirse en el que diría cuándo se diría la verdad y cuándo no.
El mejor signo de eso ocurrió cuando introdujo en la Constitución Política que construyó, con sus propias manos, el derecho del pueblo a la información oportuna, objetiva y veraz.
Aunque los dueños de los medios aceptaron eso a regañadientes porque sabían lo que les esperaría, la incorporación de esa disposición constitucional no era más que una sentencia de Chávez: el Estado diría cuál es la verdad.

Chávez fue astuto:como él era la voz del pueblo y el pueblo quería la “revolución”, todo aquél que se opusiera a su figura sería contrarrevolucionario.
No existían opositores. Nacieron los contrarrevolucionarios. No debía nacer la disidencia. Mucho menos la tolerancia a quienes pensaran como él. Esa ha sido siempre su lógica de cuartel.
La institución chavistas comenzó a equivocarse rápidamente.
Conforme pasaba el tiempo, las agresiones se elevaron. Chávez ordenó palo verbal y físico contra los periodistas.

En las interminables marchas que se miran en las calles de Caracas siempre participan quienes piden paz y tolerancia. Foto: AP

Lo que no tomó en cuenta es que conforme aumentaba la temperatura a todo aquello, lo único que hacía era cohesionar a los periodistas con los dueños de los medios de comunicación.
Los ataques llegaron, primero, contra los dueños. Después, los prolongó a los periodistas.
En sus largas apariciones en los medios de comunicación, comenzó a insinuar que cualquier información que no satisfaciera las versiones oficiales significaba que los dueños habían impuesto la línea editorial.

Lo que Hugo Chávez no entendió nunca es que su “revolución” era tan catastrófica y vulneradora de esperanzas que periodistas y dueños de comunicación no tenían que hacer muchos esfuerzos para entenderse.
“Todo eso activó la solidaridad interna de los gremios, disminuyó las distancias entre directivos y trabajadores y los convirtió, incluidos los directivos, dueños y trabajadores, en factores de la oposición política”, se escribió en Venezuela.

No tomó en cuenta

Chávez, quien generalmente está rodeado de asesores en todos los campos, cometió un error garrafal a la hora de agredir a los periodistas y medios de comunicación.
Al gobernante venezolano lo traicionó su propia historia. Él llegó al poder como una reacción al viejo orden, a la incapacidad de los partidos políticos tradicionales para resolver los problemas de los venezolanos.
Con su ascenso, casi desapareció la socialdemocracia y los demócratas cristianos.
Lo que no logró entender jamás Chávez es que, en la mayoría de las sociedades modernas, en las que los partidos políticos son débiles, quienes dejan de creer en un gobierno buscan resguardo en los medios de comunicación, o en la Iglesia. Todo depende del grado de confianza que les produzca cualquiera de las dos instituciones informales.

Hugo Chávez lo dijo: los medios son mentirosos. La tolerancia y la disidencia no deben existir. Por eso, le piden a los oficialistas que le den duro a cuanto periodista se encuentren en el camino. Hay que darles duro, les ordenan.

Fue así como, conforme crecía el desencanto con el gobierno de Chávez, los medios de comunicación venezolanos comenzaron a sustituir a los partidos de oposición.
Desde ese momento, Chávez comenzó a perder la batalla: a quienes llamaba mentirosos, se convertían, rápidamente, en quienes más credibilidad y confianza cobraban entre los pobladores.
El escrutinio sólo dejaba un resultado: el gobernante era el perdedor en la guerra entre la mentira y la verdad.

Hay otros, como Antonio Pasquali, que agregaba otros elementos a la victoria de los periodistas, durante una conversación que sostuvo con el periódico El Nacional.
1. Cree que, como Chávez es militar, planteó la batalla contra los medios de comunicación como si se tratara de conquistar una colina en medio de un terreno escabroso.
2. Frente a los medios, Chávez hace uso de la radio y la televisión como lo hicieron, en el pasado, los dictadores africanos: pasa horas y horas diciendo que él es la verdad, la luz y la vida.
3. Que los medios asumieron un papel que otros protagonistas abandonaron.
4. Que, ante la agresión, los medios creyeron oportuno asumir un papel político.
Los resultados
Con todos esos antecedentes, a los periodistas y dueños de medios no les quedaba otra opción que tirarse al lado de los opositores.
Que los medios asuman posturas opositoras frente a gobiernos y gobernantes que no son de su gusto no es extraño. Mucho menos en Centroamérica.
Lo que se puede encontrar diferente en Venezuela es el tipo de contenidos informativos que utilizan para adoptar esa postura.
Quienes posean el servicio de cable por televisión, en El Salvador, quizá les resultará extraño mirar y escuchar la modalidad como se informa en canales como Globovisión.
Los periodistas, comentaristas, entrevistadores y muchos otros participan de encendidos debates contra Chávez.
Pero lo que no se mira en El Salvador es el Canal 8 de la televisión estatal venezolana.
En ese canal se da un tratamiento similar, o peor, para intentar convencer a los venezolanos sobre las bondades de Chávez y su “revolución”.
La diferencia está en que mientras en los canales de televisión privados son los propietarios quienes corren de los gastos de su postura, en la televisora estatal se utilizan los recursos públicos para atraer simpatizantes para Chávez.

Los canales de televisiÓn privados pagan, de sus recursos, la postura que asumen ante Chávez. El Canal de televisiÓn estatal defiende, abiertamente, al gobierno. La diferencia es que esto Último se hace con recursos públicos.

Los canales privados pierden, en la actualidad, millones de bolívares al día, pues casi no tienen publicidad.
Mientras tanto, los chavistas que controlan el canal estatal (y una cadena de radioemisoras comunitarias) no están desvelados por pagar la factura de cuanto hacen: el dinero viene del petróleo o de los impuestos que pagan todos los venezolanos.
Hay otra herencia de la guerra mediática en Venezuela: las asociaciones de periodistas denunciaron que, en poco más de un año, esos profesionales han sufrido 469 agresiones.
A eso debe sumársele más de 200 ataques a propiedades y plantas de medios de comunicación privados.
Esos ataques han crecido, en las últimas semanas. Generalmente los ejecutan bandas de simpatizantes de Chávez.
Son tan descarados los ataques que no es difícil escuchar, en Venezuela, cómo algunos líderes chavistas piden, públicamente, a sus correligionarios que acudan a los medios de comunicación a destruir sus instalaciones.

Había que atacar la prensa cuestionadora e irreverente.
Ese fue el principio de todo: cuando pasó la borrachera democrática que debía derrotar el viejo régimen:la discusión se planteó, entonces, en el terreno de la mentira y la verdad.Hugo Chávez no podía ceder un centímFue entonces cuando las cosas comenzar

Después, la “revolución”

Después, cuando su voz se convirtió en palabrería hueca y su “revolución” no fue más que otra nueva promesa electoral incumplida, Hugo Chávez no le quedó más camino que atacar a la prensa cuestionadora e irreverente. comenzaron los disparos contra los medios de comunicación.

Hugo Chávez provoca, entre periodistas y analistas de todo el mundo, reacciones muy diversas.

1. Los chavistas llaman a los principales representantes de los medios de comunicación privada los cuatro jinetes del apocalipsis. Se trata de Marcel Granier, Gustavo Cisneros, Alberto Federico Ravell y Omar Camero.
2. Algunos periodistas europeos y estadounidenses critican a los periodistas y propietarios de medios privados por la postura que asumen hacia ChÁvez. Muchos de ellos guardan las mismas posturas romÁnticas que se observaron en centroamÉrica. Creen que ChÁvez es un robin Hood que trata de ayudar a los pobres y que, por eso, debe apoyarse su “revoluciÓn”. QuizÁ se les olvida que durante los cuatro años de Chávez, los pobres crecieron aceleradamente y que los resultados de una nueva venezuela no se miran por ningÚn lado.

Después, cuando su voz sólo era palabrería hueca y su “revolución”

Usó y necesitó de los medios de comunicación para resortearse hasta el poder.
Aquellos eran tiempos en que decía que la suya era la voz del pueblo y que su “revolución” refundaría a Venezuela..
Pero, después la batalla entre él y los dueños de los medios se hizo inevitable.


Los medios de comunicación lo resortearon hasta el poder. Ahora, la mayoría de esas empresas lo tienen a pocos metros del suelo.
En ese sube y baja, los medios venezolanos actuaron bajo un enorme juicio ético por el tratamiento a la información.
la diferencia es que cuando subieron como espuma su figura, la izquierda aplaudía.
Ahora que los medios lo enjuician y le responden sus duros ataques y atropellos, la misma izquierda tose, protesta y rezonga.
Sin la ayuda y complicidad de los medios de comunicación venezolanos, Chávez no hubiese metido en una borrachera democrática, a más del 80 por ciento de los venezolanos.
Cuando pasó la embriaguez y llegó la goma, los dueños de los principales medios privados le quitaron su apoyo.
Por qué se produjo ese divorcio?
Al principio, la mayoría de los venezolanos, incluídos los periodistas y dueños de medios, estaban convencidos que Chávez los llevaría refundar a su país.Cuando existía el amor, la mayoría de los venezolanos, incluídos los periodistas y dueños de medios, estaban convencidos que Chávez

Al principio Hugo Chávez se plantaba, ante los micrófonos y las cámaras, y advertía que era la voz del pueblo.Los dueños de los medios de comunicación tenían sobradas razones para separarse de Hugo Chávez.

Para los dueños de los medios de comunicación, aquello fue como despertarse tras una borrachera democrática: se convencieron que Hugo Chávez no era el hombre que refundaría Venezuela.
Su estilo para gobernar los asustaba:su lenguaje era ofensivo, intimidatorio, quiebra-huesos.
Prometió crear una nueva institucionalidad y terminó construyendo la burocracia más grande del mundo.
Poco a poco lo vieron controlar los poderes públicos pero él presentaba aquello como el desalojo del viejo régimen.
Cuando los pobladores le exigían resultados a su mandato, advertía que todo era culpa de 40 años de malos gobiernos.
Comenzó a destruir caminos que no necesariamente eran insensatos y le llamaba a aquellos dolores de parto de una nueva sociedad.
Al autoritarismo lo apedilló: decía que era el pueblo tomando su nuevo destino.

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El distanciamiento entre Hugo Chávez y los medios de comunicaciónDesde el momento en que los dueños de los medios de comunicación y los periodistas comprendieron que la “revolución” de Hugo Chávez no era más que una nueva promesa electoral incumplida, las cosas cambiaron para él

Hugo Chávez siempre fue medio-dependiente.Usó y necesitó de los medios de comunicación para resortearse hasta el poder.

Los medios de comunicación lo resortearon hasta el poder. Ahora, la mayoría de esas empresas lo tienen a pocos metros del suelo.
En ese sube y baja, los medios venezolanos actuaron bajo un enorme juicio ético por el tratamiento a la información.
la diferencia es que cuando subieron como espuma su figura, la izquierda aplaudía.
Ahora que los medios lo enjuician y le responden sus duros ataques y atropellos, la misma izquierda tose, protesta y rezonga.

Sin la ayuda y complicidad de los medios de comunicación venezolanos, Chávez no hubiese metido en una borrachera democrática, a más del 80 por ciento de los venezolanos.
Cuando pasó la embriaguez y llegó la goma, los dueños de los principales medios privados le quitaron su apoyo.

Por qué se produjo ese divorcio?


Al principio, la mayoría de los venezolanos, incluídos los periodistas y dueños de medios, estaban convencidos que Chávez los llevaría refundar a su país.Cuando existía el amor, la mayoría de los venezolanos, incluídos los periodistas y dueños de medios, estaban convencidos que Chávez los llevaría a refundar a Venezuela.
Pero, cuando comenzó a fracasar
¿Por qué pasó eso? Cuando todos estaban borrachos creyendo que Chávez los ayudaría a refundar a Venezuela

A él lo resortearon hasta el poder los medios de comunicación
A él lo llevó al poder los medios de comunicación.

Horas diarias.

Llega al canal de televisión a las cinco de la mañana y de ahí, en adelante, trabaja “hasta morir”.
Durante las pocas horas que intenta descansar tiene pesadillas. Son tantas las percepciones extrañas que debió pedir la ayuda de un sicólogo desde que miró, en primera fila, la matanza de casi 19 personas el 11 de abril último.
Muchísimos otros venezolanos resultaron heridos ese día. En Venezuela no ocurría una matanza similar desde la dictadura de Pérez Jiménez.
No sólo eso ha transformado las vidas de Luis y María José, al igual que las de muchísimos otros periodistas: cuando caminan por las calles, al lado de las multitudes que le piden a Chávez que se vaya, muchas se acercan a ellos y les cuelgan crucifijos o medallas de vírgenes en sus ropas para que nada les suceda.

Otros, muchísimos más, les piden autógrafos en las calles. Les ruegan que firmen sus banderas o algún papel suelto, como si se tratasen de los mejores artistas de Hollywood.
Así caminan un ejército de periodistas por las calles de Caracas: entre bendiciones, estampas de santos y solicitudes de autógrafos.

Para los opositores –que son una indiscutida mayoría, según todos los estudios no pro gubernamentales– son unos héroes que están en primera línea frente a los exabruptos del régimen.
Los periodistas son, para los chavistas, los profesionales más odiados. Les llaman “golpistas”; “terroristas” y toda suerte de apelativos con los que intentan romperles la autoestima.
¿Por qué ocurre eso en Venezuela? ¿Qué pasó con los medios de comunicación? ¿Los periodistas son golpistas o terroristas, como les llama Hugo Chávez? ¿Suplantan a los desaparecidos partidos políticos? ¿Cuál es el papel que cumplen? ¿Héroes? ¿Villanos?

¿Qué pasó?

Para entender el nuevo rol que cumplen los periodistas venezolanos (hay que aceptar que cumplen un proceso atípico, quizá nunca visto en América Latina), hay que tratar de comprender, primero, los métodos del gobierno de Hugo Chávez y el papel que siempre atribuyó a los medios de comunicación.

Chávez es producto y efecto de todos los males que lograron juntar los partidos tradicionales de Venezuela. Siempre enfrentó el viejo orden, sus instituciones y a sus representantes.
Eso sí: poco a poco, y con garrote en mano, comenzó a impedir cualquier iu papel de transformador social y político. También los tiempos y las oportunidades para atacar a los enemigos que construyeron el pasado, mientras a la sociedad le subía la temperatura.
Chávez, eso sí, nunca concibió una estrategia de gobierno sin un ágil manejo de los medios de comunicación.

Desde el principio de su gobierno, en el que el apoyo popular se le desbordaba entre los dedos de sus manos, supo que, al estilo de Fidel Castro, debía hablar muchas horas para domar a los medios, a los periodistas y a la opinión pública. Todo eso siempre fue para él un ingrediente insustituible.
Quienes se quejan del papel que asumen los periodistas venezolano de cara al movimiento de oposición, se olvidan que, sin la ayuda de los medios de comunicación, Chávez jamás hubiese llegado adonde está.

Mejores aliados

Los propietarios de medios, periodistas y colaboradores le apoyaron hasta la saciedad, mientras entraban en el juego que Chávez quería.
El gobernante venezolano tuvo, en todos ellos a los mejores aliados para aplastar lo que prometió: a los políticos tradicionales, las instituciones que éstos construyeron, el clientelismo, la corrupción y sus peores desmanes o aventuras politiqueras.

Durante los primeros dos años y medio de su mandato, y muchísimo antes, Chávez tuvo una presencia permanente en los medios de comunicación. Y no en unos cuantos: en todos.
De esa forma no sólo se convirtió en el portador de noticias sino que él era la noticia. Representaba el cambio y lo nuevo había que seguirlo adonde llegase.

Los periodistas le buscaban. Él armaba sus propios “shows” para impactar a la opinión pública en una fiesta con la que todos, hasta ese momento, estaban de acuerdo: los venezolanos estaban hartos de los políticos tradicionales y de lo que todos ellos significaban.
Así, definió, rápidamente, las reglas de juego, de acuerdo con sus gustos: lo comunicacional sería el espacio de lucha, sería el lugar privilegiado para las batallas políticas.
Cuando aún no era candidato usó a los medios. Cuando crecía el apoyo a su figura, usó a los medios. Cuando llegó a presidente, también empleó los medios para prometer un cambio a todos.
Una vez en el poder, y aun muchísimo antes, aplicó una estrategia comunicacional que siempre ha sido la misma: “yo soy la única voz”.

El resto de sus principales colaboradores, simplemente, abunda en lo que decía. A veces explicaba sus palabras. Pero, sólo él podía tener la garante más fuerte. La única que podía guiar a las masas.
Así nació, a su lado, un importante grupo de funcionarios de un gobierno que jamás tuvieron voz propia.
Él aparecía en todo. Adonde fuera lo seguían los periodistas. Era la moda. Era el cambio. Era el único que podía desafiar. Era el justiciero.
Poco a poco, y una vez instalado en el palacio de Miraflores, comenzó a sofisticar sus recursos comunicacionales.

De un zarpaso decidió hablar, en su programa dominical “aló”, ocho, diez o doce horas sin detenerse. Siempre fue un hábil discípulo de Fidel Castro en el arte de prolongar la palabra, aunque la gente se durmiera.
Así, la formulación de políticas públicas se convirtió en un espectáculo de “cara al pueblo”.
Chávez construyó sus propios escenarios en los que delineaba estrategias, construía políticas e impartía instrucciones. Administrar el gobierno siempre significó, para él, una estrategia de comunicación.

“El gobierno se convirtió en una voz, en un discurso perpetuo y forzó a sus oponentes a hacer otro tanto. La oposición significó luchar por un lugar en ese espacio de la comunicación, circunstancia que no contribuyó a un cambio de papel de los medios de comunicación”, escribe Carlos Blanco.

Y, como dueños de medios y periodistas estaban comprometidos en tratar de construir una sociedad, ningún representante de la izquierda protestaba, en ese momento, para que se le diera el micrófono a los primeros desencantados. Muchos menos espacio existía para todo aquél que oliera a político tradicional.

Primeras piedras


Chávez, sin embargo, nunca atinó a pensar que, cuanto más hablaba por los medios de comunicación, más se prolongaban sus compromisos personales. Cuando más hablaba, más esperanzas construía. Cuanto más prolongara su mensaje, más expectativas creaba.
Siempre habló de construir una suerte modelo paradisíaco donde todos serían felices y en la que los desheredados serían, plenamente, reivindicados.
Eso fue lo que vendió. Eso fue su compromiso. El gran momento de la verdad vendría cuando la sociedad le exigiese cumplir.


 

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